Cómo tener éxito de citas en línea

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Usar emojis en WhatsApp aumenta la posibilidad de tener sexo

2019.09.05 04:04 AlexDeck43 Usar emojis en WhatsApp aumenta la posibilidad de tener sexo

No, el envío masivo de emoji melocotón, berenjena y gotitas no garantiza que tu interlocutor se deshaga en deseos. Las relaciones sexuales y la comunicación por vía digital son mucho más complejas que eso. Lo que sí acaba de confirmar un estudio de la Universidad de Zurich es que existe una relación entre el uso de emoji por parte de personas solteras que se están conociendo en un contexto romántico y sexual y la prosperidad de esos encuentros. Conocer a una persona a través de alguna plataforma en línea (apps para ligar, Instagram…) no solo es cada vez más corriente, sino que ya es la manera más común de hacerlo, señalaba el pasado julio una investigación de la Universidad de Stanford. Donde antes la única manera de saber si una persona podría convertirse en ligue era agudizando los sentidos para captar señales en el lenguaje corporal ajeno en bares, por la calle o en una reunión de amigos, ahora esa primera fase se da a menudo a través de las pantallas. Un scroll a la derecha o unos cuantos ‘me gusta’ sirven como primer acercamiento. Y en caso de reciprocidad, se abre la ventana de chat y comienza el cortejo.
“Comenzamos esta investigación porque estábamos interesados en conocer cómo las personas pueden establecer una conexión en línea a través de mensajes de texto cuando tiene tan poca información sensorial, como lenguaje no verbal o señales faciales, para ayudar a interpretar los mensajes y su tono”, explica a S Moda Amanda N. Gesselman, coautora de Emoji como señales afectivas en la comunicación digital orientada a las relaciones junto a Vivian P. Ta y Justin R. Garcia. “Con el aumento de la popularidad de los emojis, pensamos en ellos como posibles herramientas para insertar parte de ese comportamiento no verbal en conversaciones de texto y crear una conexión más fuerte, transmitir compatibilidad, etc”.
A través de una muestra de adultos solteros estadounidenses, los investigadores han examinado la frecuencia, las actitudes y los motivos del uso del emoji de estos con sus posibles parejas y han hallado una relación: “Proporcionan una vía para expresar el afecto, conocerse y construir intimidad, que a su vez puede dar lugar a más oportunidades para el cara a cara que permitan evaluar la compatibilidad y la atracción”. Su uso se relaciona entonces con “más oportunidades para formar conexiones románticas y sexuales, más primeras citas y más actividad sexual”.

Menos señales pero una comunicación más explícita

La comunicación a través de la pantalla no solo restringe las señales, también abre otras puertas. “Cuando estamos conociendo a una persona nos surgen emociones que en muchas ocasiones tendemos (o tendíamos) a reprimir, a no expresar con palabras de una forma explícita por miedo al rechazo, a no ser apropiados, a no gustar o no ser deseables”, cuenta la sexóloga Elena Requena a S Moda. “Estos nuevos canales establecen nuevas normas, nos sentimos protegidos por nuestras pantallas, y al sentirnos más seguros, somos capaces de ser, a menudo, más claros y más explícitos a la hora de hacernos entender”.

El peso de lo visual en la erótica actual

El estudio de Gesselman y sus colaboradores reconoce sus limitaciones: no saben cómo fueron las percepciones y reacciones ante el uso de esos emoji en las conversaciones ni cuáles en concreto son más efectivos para ayudar a formar conexiones entre las personas. Pero sí hay otras investigaciones recientes, como la realizada por el departamento de Psicología de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), que ponen sobre la mesa qué tipos de emoji son más usados y dados a iniciar el sexting. “El uso de emoji juega un papel importante en el envío y recepción de mensajes sexualmente sugestivos”, señalan las expertas a cargo de la investigación. El 54% de los 693 participantes aseguró que los emoji aparecen en sus mensajes a veces, a menudo o siempre. Y de quienes los enviaron en un contexto íntimo, el 51% afirma que usarlos dio pie a un comportamiento sexualmente sugerente. Los tres emoji no faciales más usados en mensajes de carga sexual son la lengua, la berenjena y las gotas de sudor. La cara de media sonrisa, la de guiño y la de beso con corazón comparten el ranking. El estudio demuestra que “la extroversión y el número de parejas sexuales casuales están significativamente relacionados con el uso de emoji sexualmente sugestivos”.
La sexóloga Elena Requena explica este éxito. “Si nos centramos en las diferentes formas de encuentros eróticos, cualquier estímulo más o menos visual, puede actuar como catalizador. Con este tipo de dibujo o representación podemos hacernos entender y sentir mejor. Y esa barrera que antes comentábamos puede ser menor si podemos transmitir diferentes emociones a través de estas figuras”.
Es un fenómeno propio de un momento en el que lo visual prima frente a otras vías comunicativas. “Estamos rodeados de imágenes que dictan nuestro comportamiento, nuestra forma de vestir, de comer, de relacionarnos. Esas mismas imágenes son la herramienta más usada, con más o menos suerte, para atraer o para excitarnos”, apunta Elena Requena. “Todo es muy explícito: el porno, los desnudos, etc”. Esto, según entiende la sexóloga, tiene una parte negativa: “Deja muy poco a la imaginación para que nuestro cerebro construya lo que desea en base a unas cuantas pistas. La fantasía”. A pesar de que surgen con mayor respuesta otras formas de erótica que buscan apoyo en estímulos no visuales, como los podcasts, si esas imágenes que imperan o el uso de emoji no van acompañados de algo más, estos “cada vez tendrá menos impacto en nuestro cerebro, y nuestra erótica se hará más pobre, seguirá siendo muy genital, y poco peculiar”, señala Requena.

Los emoji como complemento al juego erótico

El estudio de la Universidad de Zurich subraya que, aunque no ha sido posible determinar si es el uso de emoji lo que conduce a tener más citas y más cantidad de sexo o viceversa, sí está clara la relación entre ambos. “El uso de emoji es una característica extendida entre aquellos que han presentado rasgos relacionados con relaciones de mejor calidad, como mayores niveles de inteligencia emocional”. Requena subraya al respecto el poder de estas imágenes en “la creación de un ambiente de intimidad”, algo que “puede ser enriquecedor dadas las limitaciones del medio usado para comunicarse”. Pero no potenciaría su uso más allá de los comienzos de esa relación: “Una vez que ya nos hemos conocido mejor es preferible seguir la relación, siempre que sea posible, de una forma física. La comunicación a través de medios digitales puede ser a veces confusa, puede haber malentendidos, sobre todo al principio”. Pero sin perder de vista sus virtudes: “También este medio nos hace sentirnos más libres de expresarnos y quizás bajar la guardia mostrándonos de una forma más honesta respecto a nuestros deseos, generar un ambiente de libertad y construir un escenario donde la imaginación juega un papel esencial”.
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2016.08.14 13:57 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

https://archive.is/7HsFd
Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.29 18:36 RafaBwn ¿Dónde esta el “Bravo Pueblo”? A propósito de la supuesta “pasividad social” venezolana.

Primero, una cita de Gustave Le Bon:
La masa es siempre intelectualmente inferior al hombre aislado. Pero, desde el punto de vista de los sentimientos y de los actos que los sentimientos provocan, puede, según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionada.
Esta premisa sintetiza uno de los principios fundamentales de la sicología de masas, por lo que nos parece útil tomarla en cuenta para buscar respuesta a una pregunta que copa el imaginario colectivo del país: ¿Dónde esta el bravo pueblo? La pertinencia de la duda sobre lo que ha sido capaz de tolerar y aceptar la mayoría de lagente, (por muchísimo menos de lo que hoy pasa fue defenestrado el extinto presidente Carlos Andrés Pérez, quien por ejemplo, aumento la gasolina en 50%, y Maduro en un 6.000%), concita una reflexión política e intelectual honesta, pero también estratégica para el movimiento opositor venezolano. Hoy la cultura democrática del país, pugna (en las mas adversas condiciones de desventaja y ataque de la cúpula que se aferra al poder), por una salida constitucional, electoral y pacifica a través de la convocatoria del referéndum revocatorio.
Tomando en cuenta el enfoque sicosocial de Le Bon, resulta obvio que Chávez nos acostumbró a sentirnos “masa”; condicionando la conducta individual signada por la posesión de derechos que no cejaríamos ante el poder, hoy “difuminados” en las colas, el aceptar comprar lo que el gobierno imponga, y resignarnos ante la escasez de medicinas, entre otras afrentas a nuestra dignidad humana.
¿Cómo hemos llegado a esto?, bueno por asumir una asimilación a la conformación de la muchedumbre, que nos limita a sobrevivir de cualquier forma posible ante las terribles carencia y humillaciones a que nos somete una visión totalitaria del estado, que se ha hecho omnipresente y omnipotente, aunque terriblemente irresponsable e ineficiente. Entonces ese pueblo devenido en “masa”, según Le Bon: “Intelectualmente inferior al hombre aislado”, no puede ser asimilado a la aberración conceptual de Pico de la Mirándola, quien afirmo: “la turba es indigna de llevar el peso de la sabiduría”. No, simplemente el común de nuestra sociedad asumió como “natural”, (siendo un anti-valor); el depender de un Chávez que inteligentemente se vendió cual generoso dispensador de todo tipo de asistencialismo, regalía, dádiva y “protección”, en el símil subconsciente del que idealiza a un padre como sustituto liberador de su responsabilidad por el trabajo, la productividad y autosuficiencia, emprendedora y honesta, a cambio de enajenar su voluntad al designio de su bienamado benefactor; siempre que le “pagara” con su voto.
No obstante Chávez, al poner bajo su egida personalista y autocrática la institucionalidad, el equilibrio del poder y el ejercicio de la ciudadanía activa, plural, diversa y autónoma, sembró; el germen que hoy carcome acelerada e inexorablemente su “legado”. Vale decir, tuvo éxito en convertir en su activo político la voluntad popular de cambio que venia siendo vulnerada por la “enfermedad” inoculada a la sociedad venezolana, por parte de un estatus quo bipartidista, elitesco, y por decir lo menos, apartado de su responsabilidad de gobernar, para, con; y por el pueblo, pero; fracaso en darle sustentabilidad perdurable, al dispendio, la demagogia y a la dádiva rentista como modelo del estado social, y menos de derecho. Ahora bien, era sicosocialmente justificado que una gran mayoría de la gente pensara así. La descomunal y directa transferencia de recursos que fluyeron por las misiones hacia los sectores mas pobres y excluidos, unido al reparto de bienes y servicios a los cuales la gente común había perdido su acceso, no solo crearon la ilusión del “paraíso terrenal Chavista” sino que efectivamente generaron un sostenido crecimiento del PIB, y por ende de la economía, (aunque inútil, como hoy se prueba, para propiciar desarrollo integral, sostenido y medible) consecuencia lógica de haber puesto en manos de una población con muy poca o ninguna capacidad de compra, una disponibilidad financiera que expandió enormemente la demanda de bienes y servicios. A ello hay que agregar la oferta pública de alimentos subsidiados, variados y abundantes, que mantuvieron a raya durante varios años el índice inflacionario; hasta que llegó la desaceleración de la economía globalizada, ( y su impacto en la disminución de la demanda de petróleo), lo que hizo caer la absorción de un recurso energético por economías estancadas, si acaso no en recesión; forzando los precios a la baja, siendo esto, y no la malquerencia del imperio, lo que “mando a parar” la fiesta populista financiada con el “kino petrolero” a precios por encima de los 100 dólares el barril. Ahora; triste y dolorosamente presenciamos y sentimos, la tragedia socioeconómica que se ceba contra los mas pobres, quienes atónitos, incrédulos y sin “ostentosa reacción de rebeldía”, sufren en carne propia, (aparentemente resignados) el final de la orgia populista financiada con los “petrodólares”. En realidad no es tan así. Deliberadamente puntualizamos, “ostentosa reacción de rebeldía”, puesto que al observar la dinámica del hecho social que signa a la Venezuela actual, (apelando a Le Bon), el colectivo “puede según las circunstancias, ser mejor o peor. Todo depende del modo en que sea sugestionado. Esa sugestión en nuestro caso, se alimenta de una matriz de opinión gigantescamente mayoritaria por el cambio, y esta marcando un estadio de sublevación contestataria que el régimen de Maduro no acepta como realidad tangible por su desconexión con el común de la gente, Prefiere aferrarse a la zona de “confort moral” que le proporciona su dogma comunista/totalitario, o simplemente asume el mas craso y ostensible desplante, a elementales principios de solidaridad y acción de auxilio para con los humanos máxime si además son sus compatriotas. La terca, inexcusable y cruel oposición a recibir ayuda humanitaria internacional con alimentos y medicinas, así lo demuestra.
¿Porque no se siente al bravo pueblo como ocurrió en el “caracazo“. Bueno porque el caracazo si fue una “ostentosa reacción de rebeldía”, (cualquiera que hayan sido sus motivaciones, características o consecuencias sufridas), fundamentalmente por tres componentes sustantivos: a): se produjo en la capital de la república, b): fue masivo durante muchas horas producto de la falta adecuada y consensuada respuesta institucional (se apelo a la peor formula, cual fue sacar al ejercito a reprimir) y c): recibió una cobertura mediática (nacional e internacional) amplia en “tiempo real”, por tanto impresionante. Pero eso no quiere decir que se extinguió el espíritu contestarlo de nuestra conciencia democrática; por el contrario esta en la calle, por un lado en la actitud valiente y arriesgada de figuras y personalidades políticas de la MUD y sus partidos, y en cuanto a la gente humilde, incrementado, agresivo y cada vez mas constante; solo que en el contexto del protagonismo anónimo, sectorial y vecinal. Disperso geográficamente si; Pero no por ello menos explosivo y peligroso, para la estabilidad del régimen.
Esta modalidad de rebeldía, viene siendo aupada por un voluntarismo ciertamente desarticulado, precisamente por ser una explosión social que surge como tsunami soterrado, nacido en el silencio de la rabia, de la indignación ante la falta de que se les reconozca como aquellos que llevan la peor parte en este colapso social. Que están reaccionando incluso, con una determinada dosis de violencia ante lo que sienten como burla; cuando se les invoca en todos los medios oficiales, como el pueblo feliz que se mantiene firme con la revolución, y Maduro; lejos de estrechar la empatía emocional mediante la comprensión y consuelo por su padecimiento, y en vez de tomar medidas reales de solución, opta por el desplante que desdeña la enormidad de la tragedia que se padece. La soberbia política y tozudez de Maduro raya en el suicidio; y cuidado, puede herir mortalmente la vigencia del proyecto político chavista, cuando perfectamente pudiera tener un futuro en la escena política venezolana.
De otra parte un segmento (aun importante) del “bravo pueblo Chavista”, se resiste a admitir que se equivocó, (actitud humanamente explicable por cierto), apelando a la expresión de que “con Chávez no pasara esto”; pero respecto de Maduro y su elitesco séquito de co-gobernantes militares, ese mismo chavismo los quiere “fuera ya”; y por eso se suma, (cuidado y con la vehemencia del que se siente traicionado por el heredero con quien se pierde todo lo que “Chávez nos dio”), protagonizando protestas populares y saqueos en casi todo el país. Y en todo caso, los chavistas que se mantienen pasivos, (tal cual advirtió Petkoff) espera en la bajadita a Maduro para castigarlo con el revocatorio. Porque no es la MUD quien enciende la llama social; es el hambre.
Ahora bien, hay que asumir la orientación política de esa convulsión social. No cabe dicotomía para la dirigencia de la MUD y los partidos, entre hacer lo que conviene, por encima de lo correcto. Lo advertimos porque pueblo saqueando comercios y empresas, (que son igual victimas del “holocausto” económico que sufrimos todos), es una distorsión y despropósito a los finen de la lucha por el restablecimiento de nuestra democracia. Esta obligada la MUD en generar estrategia política y comunicacional, para que Nicolás Maduro no se escape o diluya de su responsabilidad, como “el” factor determinante de la crisis.
Debe salirse al paso con el discurso, mensaje y acción; de manera clara y contundente, a la pretensión manipuladora del PSUV y el gobierno de satanizar a los productores, industriales y comerciantes como maléficos autores de la hecatombe económica que nos arruina. La protesta hay que orientarla, porque las crisis económicas, por su solo dinámica, no garantiza la caída de los gobiernos; es la ingobernalidad política que mana de la rebeldía de las sociedades en el ejercicio pleno de su soberanía, quien lo logra.
Vale decir que la solución no es atentar contra abastos, bodegas y panaderías de barriadas que sobreviven a duras penas, sino el producir un cambio profundo en la conducción del estado, su economía en el marco de la restitución constitucional. Por eso es igualmente irresponsable la conseja de “meterle fuego a la llama social”, sin importar la perdida de vidas y destrucción de bienes materiales, solo para que “maduro caiga”.
La historia ha probado que ante el caos y la anarquía, la respuesta es el fascismo y la dictadura. Por eso la MUD no puede apartarse de la línea política de la salida constitucional, electoral y pacifica, aun a despecho de los “radicales de verborrea”. Además todos los estudios revelan que así lo quiere la inmensa mayoría de nuestros compatriotas. Ahora; que la insensata y evidente incompetencia de Maduro, para asimilar y comprender como es; que es, y de que manera se ejerce la política, lleve al país a la sima de la barbarie y la represión, por solo mantenerse con su cúpula en el poder, comportará una aceleración de su salida del poder, no su preservación.
Agregamos para refrescar el análisis un dato histórico por demás interesante: José Vicente Emparan, aceptó la realización y resultados del “revocatorio” del 19 de Abril de 1.810; que ante el unánime “no lo queremos” del pueblo, pronuncio su celebre: “pues yo tampoco quiero mando”. Al contrario del Capitán General Emparan; quien quedo en el episodio mas como “demócrata” que déspota; Maduro “si quiere mando” aunque sea a costa del sufrimiento y la destrucción; que el mismo ha desatado contra el pueblo venezolano.
Finalmente propongo como iniciativa a ser discutida, manejar el concepto “Devuélveme a Venezuela”, no en la acepción rogatoria, sino desde la exigencia imperativa, por ser el revocatorio la vía para que se nos devuelva (hoy secuestrada) la Venezuela de la cual todos disfrutábamos y que perdimos. Es decir, convertir este concepto en una causa pro revocatorio.
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2016.06.07 04:08 ShaunaDorothy El enfoque marxista de la liberación de la mujer - El comunismo y la familia ( 2 - 2 ) (Mayo de 2016)

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Pero, ¿cómo se logrará esta reducción y redistribución del trabajo doméstico? En la transición de la dictadura del proletariado al comunismo pleno, la transformación de la familia es un corolario de la expansión de la producción y el aumento de la abundancia. Su extinción o desintegración es resultado del éxito económico. En el proceso, será remplazada por nuevas formas de vivir que serán inconmensurablemente más ricas, humanas y gratificantes. Bien puede haber la necesidad de desarrollar algunas reglas en el curso de esta transformación conforme la gente busque nuevos modos de vida. En el periodo de transición, será la tarea del colectivo democrático de los obreros, el soviet, construir alternativas y guiar el proceso.
Vogel no plantea la cuestión crucial: cuando la mujer se libere de la esclavitud doméstica, ¿será libre para hacer qué? ¿La reducción del tiempo que pase en el trabajo doméstico será compensada por un aumento comparable en el tiempo que pase en su trabajo, dos horas menos lavando ropa y trapeando pisos, dos horas más en la línea de ensamblaje de la fábrica? Ésa ciertamente no es la idea marxista de la liberación de la mujer.
Remplazar el trabajo doméstico y la crianza de los niños con instituciones colectivas son aspectos de un cambio fundamental en la relación entre producción y tiempo de trabajo. Bajo una economía socialista planificada, todo tipo de actividad económica —desde la producción de acero y computadoras hasta la limpieza de la ropa, los pisos y los muebles— pasará por un constante y rápido aumento en la cantidad de producto por unidad de trabajo aplicado. Mucho antes de que se logre una sociedad comunista, es probable que la mayor parte del trabajo doméstico ya se haya automatizado. Más en general, habrá una reducción continua del tiempo de trabajo total necesario para la producción y el mantenimiento de los bienes de consumo y los medios de producción.
En una sociedad plenamente comunista, la mayor parte del tiempo será lo que ahora llamamos “tiempo libre”. El trabajo necesario absorberá una porción tan pequeña de tiempo y energía que cada individuo se lo concederá libremente al colectivo social. Todos dispondrán del tiempo y de los recursos materiales y culturales necesarios para realizar trabajo creativo y gratificante. En los Grundrisse (1857), Marx cita la composición musical como ejemplo de trabajo genuinamente libre.
Los “feministas socialistas” falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques
En 2005, Sharon Smith, figura dirigente de la ISO que se pretende una teórica, publicó un libro, Women and Socialism: Essays on Women’s Liberation (La mujer y el socialismo: Ensayos sobre la liberación de la mujer, Haymarket Books), del cual se espera una nueva edición revisada y expandida para este año [2015]. Un extracto de esta nueva edición, “Theorizing Women’s Oppression: Domestic Labor and Women’s Oppress-ion” [Teorizando sobre la opresión de la mujer: El trabajo doméstico y la opresión de la mujer], publicado en International Socialist Review (marzo de 2013), delinea lo que la ISO define como su nuevo enfoque del feminismo. La “teorización” de Smith se basa en gran medida en el concepto de que el trabajo doméstico no remunerado es el fundamento de la opresión de la mujer, como lo presenta Vogel en Marxism and the Oppression of Women: Toward a Unitary Theory.
Smith comienza criticando a Karl Marx y Friedrich Engels, un requisito esencial para acceder al medio feminista pequeñoburgués: “La manera en que Marx y Engels describen la opresión de la mujer presenta frecuentemente componentes contradictorios: en algunos sentidos cuestionando fundamentalmente el status quo de género, pero meramente reflejándolo en otros”. Smith critica incluso más agudamente la Revolución Bolchevique de 1917 en Rusia, un evento que los liberales, feministas o no, consideran en el mejor de los casos un experimento utópico fallido y, en el peor, el nacimiento de un estado policiaco totalitario.
Haciéndole el juego a los prejuicios anticomunistas, Smith afirma que los bolcheviques apoyaron el papel tradicional de la mujer, haciendo de la maternidad el más alto deber social: “A pesar de los enormes logros de la Revolución Rusa de 1917 —incluyendo la legalización del aborto y el divorcio, el derecho al voto y a contender por puestos públicos y la abrogación de leyes que criminalizaban la prostitución y la sexualidad gay—, ésta no produjo una teoría capaz de enfrentar las normas naturales heterosexuales o la prioridad dada al destino maternal de las mujeres”. Smith procede a citar una declaración de John Riddell, un historiador izquierdista que frecuentemente publica en la International Socialist Review de la ISO: “Las mujeres comunistas en ese periodo veían el tener hijos como una responsabilidad social y buscaban ayudar a las ‘mujeres pobres que desean experimentar la maternidad como la más elevada felicidad’”.
Apoyándose en una cita sacada de contexto, Smith y Riddell falsifican la doctrina y la práctica bolcheviques. Los bolcheviques veían el remplazo de la familia a través de métodos colectivos para la crianza de los niños no como un objetivo distante en una futura sociedad comunista, sino como un programa que estaban empezando a implementar en el estado obrero ruso soviético existente. Alexandra Kollontai, una de las dirigentes del trabajo bolchevique entre las mujeres, abogó por instituciones socializadas que asumieran completa responsabilidad por los niños y su bienestar físico y sicológico desde la infancia. En su discurso al I Congreso de Mujeres Trabajadoras de Toda Rusia en 1918, declaró:
“Gradualmente, la sociedad se hará cargo de todas aquellas obligaciones que antes recaían sobre los padres...
“Existen ya casas para los niños lactantes, guarderías infantiles, jardines de la infancia, colonias y hogares para niños, enfermerías y sanatorios para los enfermos o delicados, restaurantes, comedores gratuitos para los discípulos en escuelas, libros de estudio gratuitos, ropas de abrigo y calzado para los niños de los establecimientos de enseñanza. ¿Todo esto no demuestra suficientemente que el niño sale ya del marco estrecho de la familia, pasando la carga de su crianza y educación de los padres a la colectividad?”
—“El comunismo y la familia”, Editorial Marxista, Barcelona, 1937
En una sociedad socialista, el personal encargado del cuidado y la educación en guarderías, jardines de niños y las escuelas preescolares estará compuesto de hombres y mujeres. De este modo —y sólo de este modo—, podrá eliminarse la división ancestral del trabajo entre hombres y mujeres en el cuidado de los niños pequeños.
El punto de vista de Kollontai acerca del futuro de la familia no era inusual entre los dirigentes bolcheviques. En La mujer, el estado y la revolución: Política familiar y vida social soviéticas, 1917-1936 (Ediciones IPS, 2010), Wendy Goldman, una académica estadounidense de simpatías liberales feministas, escribe que Aleksandr Goijbarg, el principal autor del primer Código Sobre el Matrimonio, la Familia y la Tutela (1918), “alentaba a los padres a rechazar ‘su amor estrecho e irracional por sus hijos’. Según su punto de vista la crianza del estado ‘proveería resultados ampliamente superiores al abordaje privado, individual, irracional y no científico de padres individualmente “amorosos” pero “ignorantes”’”. Los bolcheviques no buscaban únicamente liberar a las mujeres del fastidio doméstico y la dominación patriarcal, sino también liberar a los niños de los efectos, frecuentemente nocivos, de la autoridad parental.
Los bolcheviques y el cuidado colectivo de los niños
Haciendo eco de Vogel, Smith escribe:
“Si la función económica de la familia obrera, tan crucial en la reproducción de la fuerza de trabajo para el sistema capitalista —y que al mismo tiempo forma la raíz social de toda la opresión de la mujer—, fuera eliminada, se sentarían las bases materiales para la liberación de la mujer. Este resultado sólo puede empezar a obtenerse mediante la eliminación del sistema capitalista y su remplazo por una sociedad socialista que colectivice el trabajo doméstico antes asignado a las mujeres”.
Aquí, el uso que hace Smith del término “trabajo doméstico” resulta ambiguo. ¿Se refiere únicamente a los quehaceres domésticos y al cuidado físico de los niños pequeños? ¿Y qué hay del “trabajo doméstico” que implica lo que se considera la tutela parental hoy día en EE.UU.? Smith no nos lo dice. Simplemente ignora la cuestión de las relaciones interpersonales entre las madres y sus hijos: escuchar y hablar con ellos de sus problemas, deseos y miedos; enseñarles los primeros pasos en el lenguaje y las bases de higiene, seguridad y otras tareas prácticas; jugar con ellos; ayudarles con su tarea. Al ignorar estas interacciones como parte del dominio colectivo, la idea del socialismo de Smith es enteramente compatible con la preservación de la familia, excluyendo los quehaceres domésticos.
¿Por qué esta ambigüedad en una cuestión tan crucial? La ISO apela a los jóvenes idealistas de la izquierda liberal promoviendo una versión del “marxismo” adaptada a sus puntos de vista y a sus prejuicios. Esta organización no toma casi nunca una posición sobre tema alguno que sea verdaderamente impopular en el medio de los radicales liberales estadounidenses. Las jóvenes feministas encontrarán muy atractiva la idea de una vida familiar sin quehaceres domésticos. Pero, ¿abandonar la perspectiva de un hogar familiar propio y la preocupación exclusiva por sus “propios” hijos? La audiencia pequeñoburguesa a la que se dirige Smith se horrorizaría ante el programa bolchevique para la transformación de la vida cotidiana a través de los métodos colectivos de vida. Como escribió Kollontai:
“La mujer, a la que invitamos a que luche por la gran causa de la liberación de los trabajadores, tiene que saber que en el nuevo estado no habrá motivo alguno para separaciones mezquinas, como ocurre ahora.
“‘Estos son mis hijos. Ellos son los únicos a quienes debo toda mi atención maternal, todo mi afecto; ésos son hijos tuyos; son los hijos del vecino. No tengo nada que ver con ellos. Tengo bastante con los míos propios’.
“Desde ahora, la madre obrera que tenga plena conciencia de su función social, se elevará a tal extremo que llegará a no establecer diferencias entre ‘los tuyos y los míos’; tendrá que recordar siempre que desde ahora no habrá más que ‘nuestros’ hijos, los del estado comunista, posesión común de todos los trabajadores”.
En 1929, el Partido Comunista (PC) ruso todavía llamaba por la extinción de la familia, a pesar del ascenso al poder político de una casta burocrática conservadora dirigida por I.V. Stalin cinco años antes. Pero como escribimos en “La Revolución Rusa y la emancipación de la mujer”: “Para 1936-37, cuando la degeneración del PC ruso ya estaba completa, la doctrina estalinista declaró eso un ‘craso error’ y llamó por una ‘reconstrucción de la familia sobre una nueva base socialista’”.
La familia como una construcción social
Mientras que Smith y Riddell afirman falsamente que el régimen bolchevique de los primeros años apoyaba el papel tradicional de las mujeres como principales cuidadoras de sus niños pequeños, Goldman lo critica por no hacerlo:
“Los bolcheviques les adjudicaban poca importancia a los poderosos lazos emocionales entre padres e hijos. Asumían que la mayor parte del cuidado necesario de los niños, hasta de los más pequeños, podía ser relegado a empleados públicos pagos. Tendían a menospreciar el rol del lazo madre-hijo en la supervivencia infantil y el desarrollo del niño en edad temprana, por más que hasta un conocimiento rudimentario del trabajo de guarderías pre-revolucionarias hubiera revelado las tasas de supervivencia escandalosamente bajas para niños pequeños en contextos institucionales y los obstáculos para el desarrollo infantil sano”.
Esta analogía es completamente inválida. El trato y la suerte de los niños pequeños en los empobrecidos orfanatorios de la Rusia zarista no pueden ser comparados de ningún modo con el cuidado colectivo de los niños en una sociedad revolucionaria. Un estado obrero, particularmente en un país económicamente avanzando, tendría los recursos humanos y materiales para proporcionar un cuidado para los niños pequeños muy superior en todos los aspectos al de una madre en el contexto privado del hogar familiar.
Más aún, los bolcheviques pusieron gran énfasis en la salud y el bienestar de las madres y los niños. El Código Laboral de 1918 proporcionaba un descanso pagado de 30 minutos al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. El programa de seguridad maternal implementado ese mismo año proveía una licencia por maternidad pagada de ocho semanas, recesos para el cuidado infantil e instalaciones de descanso en las fábricas para las mujeres en el trabajo, cuidado pre y postnatal gratuito y pensiones en efectivo. Con la red de clínicas de maternidad, consultorios, comedores, guarderías y hogares para las madres y los bebés, este programa probablemente fue la innovación más popular del régimen soviético entre las mujeres.
Los feministas en EE.UU. y otros lugares denuncian frecuentemente la proposición de que “la biología determina el destino” como una expresión de machismo. Y, sin embargo, Goldman asume que las mujeres, o incluso los hombres, que no tienen relación biológica con los bebés ni los niños pequeños son incapaces de desarrollar los mismos sentimientos de protección hacia ellos que sus madres biológicas. Los padres de niños adoptados probablemente tendrán algo que decir contra esta idea. Pero la práctica moderna de la adopción en EE.UU. también está basada en la idea de que sólo en el contexto de una “familia” —ya sea de madre y padre biológicos, padres adoptivos o padres gay o transgénero— los niños pueden recibir el cuidado y el amor necesarios. Lejos de ser un hecho natural, la idea de que los niños sólo pueden desarrollarse con éxito en el contexto de una familia es una construcción social.
Cuando la gente vivía como cazadores-recolectores (durante la vasta mayoría de los 200 mil años en los que ha existido nuestra especie), la banda o la tribu, no “la pareja”, era la unidad básica de la existencia humana. Un ejemplo del pasado no muy distante viene del testimonio de los misioneros jesuitas del siglo XVII entre el pueblo de cazadores naskapi de Labrador. Como lo cuenta Eleanor Burke Leacock en su magnífica introducción a El origen de la familia, la propiedad privada y el estado de Engels (International Publishers, 1972), los jesuitas se quejaban de la libertad sexual de las mujeres naskapi, señalándole a un hombre que “no estaba seguro de que su hijo, que estaba ahí presente, fuera su hijo”. La respuesta del naskapi es reveladora: “Ustedes no tienen sentido. Ustedes los franceses aman sólo a sus propios hijos; pero nosotros amamos a todos los niños de nuestra tribu”.
La desaparición de las clases y la propiedad privada bajo el comunismo conduciría inevitablemente a la completa libertad en las relaciones sexuales y a la desaparición de cualquier concepto de legitimidad e ilegitimidad. Todo el mundo tendría acceso a los beneficios completos de la sociedad por el sólo hecho de ser ciudadano del soviet internacional.
La familia como portadora de la ideología burguesa
Vogel y Smith limitan implícitamente el concepto de trabajo doméstico a las actividades físicas. De ese modo, Smith escribe: “Las actividades cotidianas de la familia aún giran alrededor de la alimentación, el vestido, la limpieza y el cuidado en general de sus miembros, y esa responsabilidad aún recae principalmente en las mujeres”. Pero criar hijos con miras a su eventual ingreso al mercado laboral no es como criar becerros y corderos para el mercado ganadero. La reproducción de la fuerza de trabajo humana no tiene sólo un componente biológico, sino también uno social, es decir ideológico. Llevar a un niño a la iglesia o a recibir educación religiosa también es una forma de trabajo doméstico, importante a su modo para la preservación del sistema capitalista; lo mismo sucede con llevar a un niño a ver una película que glorifica los “valores familiares”, el patriotismo, etc. La familia es la principal institución a través de la cual la ideología burguesa en sus distintas formas se transmite de una generación a la siguiente.
En El ABC del comunismo (1919), escrito por dos dirigentes bolcheviques, Nikolai Bujarin y Evguenii Preobrazhensky, se explica cómo la diminuta minoría de capitalistas no puede dominar a la clase obrera utilizando sólo la fuerza física y la coerción impuestas por la policía y el ejército. La preservación del sistema capitalista también requiere de la fuerza de las ideas:
“La burguesía comprende que no puede someter a la clase obrera con la sola fuerza bruta. Sabe que es necesario nublar también el cerebro... El estado capitalista educa especialistas para el acretinamiento y la doma del proletariado: maestros burgueses y profesores, curas y obispos, plumíferos y periodistas burgueses”.
Bujarin y Preobrazhensky señalaron tres instituciones fundamentales para mantener el dominio ideológico de la burguesía: el sistema educativo, la iglesia y la prensa (los medios masivos actualmente incluyen también al cine, la televisión y el Internet).
En los países capitalistas avanzados, en los que los niños son normalmente considerados propiedad de sus padres, la familia tiene relaciones distintas con cada una de esas instituciones. A partir de los cinco o seis años, los niños están legalmente obligados a asistir a la escuela (pública o privada) y los niños más chicos con frecuencia van a preescolar. Desde muy temprana edad, los niños ven televisión; algunos padres, más frecuentemente las madres, controlan lo que ven. A diferencia de los maestros y los productores de televisión, los clérigos no tienen un acceso tan automático a los niños pequeños: en EE.UU. y otros países, los padres deciden si sus hijos reciben adoctrinamiento religioso o no. Al menos al inicio, este adoctrinamiento les es impuesto a los niños en contra de sus deseos subjetivos. Probablemente no hay en el planeta un niño de cuatro o cinco años que prefiera asistir a servicios religiosos en vez de jugar con otros niños.
Tomemos el caso de un niño de diez años cuyos padres son católicos practicantes. Desde que tiene memoria lo han llevado a misa. Ha ido a una escuela católica en vez de ir a la escuela pública, o adicionalmente a ésta. En casa, ha escuchado rezos antes de cada comida y experimentado múltiples expresiones de fe religiosa en la vida doméstica cotidiana. Hay grandes probabilidades de que un niño como éste suscriba las creencias y doctrinas católicas al menos hasta una etapa posterior de su vida en la que se vea libre de la autoridad de sus padres.
Por otro lado, veamos ahora el caso de un niño de diez años cuyos padres no son religiosos. Su conocimiento de la religión está limitado a lo que ha aprendido en la escuela pública e información ocasional obtenida de programas de televisión, películas y discusiones con otros niños de mentalidad religiosa. Un niño así casi seguramente no será religioso. Pero no tener religión no inmuniza a un niño de otras formas probablemente “progresistas” de ideología burguesa. Un niño criado por padres que suscriben el “humanismo secular” muy probablemente se considerará políticamente liberal en EE.UU. o socialdemócrata en Europa, y probablemente demostrará elitismo intelectual. Así mismo, existe una corriente del libertarismo ateo (asociada con Ayn Rand) que glorifica el individualismo egoísta y el capitalismo de “libre mercado”. La religión no es la única forma de ideología burguesa reaccionaria.
La familia oprime a los niños al igual que a las mujeres, y deforma muchísimo la conciencia de los hombres también. Los feministas, liberales y “socialistas”, ignoran este hecho social fundamental, si no es que abiertamente lo niegan. Para éstos, reconocer que la opresión de los niños es intrínseca a la familia significaría (¡horror de horrores!) criticar el comportamiento socialmente condicionado de las mujeres en su papel de madres. Marxistas autoproclamados como Vogel y Smith, que promueven la tesis de que el trabajo doméstico es la base de la opresión de las mujeres, tratan implícitamente a las mujeres como si sólo hicieran bien a sus hijos.
Contra la represión sexual de los niños
Aunque la mayoría de los feministas condenarían el abuso físico de los niños, en los hechos permanecen indiferentes al abuso sicológico. Por tomar sólo un ejemplo, los hijos de padres fundamentalistas cristianos (católicos o protestantes) sufren la tortura mental de creer que irán al infierno si no se portan bien.
La represión sexual de los niños, que se extiende a la adolescencia, está bastante más extendida y causa daños sicológicos más graves. La sociedad capitalista está diseñada para penalizar la expresión de sexualidad de los niños desde el nacimiento. Incluso los padres más instruidos no pueden proteger a sus hijos de la ideología moralista y antisexo que permea la sociedad estadounidense —desde los pasillos decorados en azul y rosa en las jugueterías hasta la prohibición de desnudez en público y la demonización de la actividad sexual de los niños, incluida la masturbación—. Como principales cuidadoras de los bebés y los niños pequeños, las madres (más que los padres), inician el proceso de represión sexual, enseñándoles a los niños a sentirse avergonzados de sus cuerpos y a suprimir su curiosidad natural.
August Bebel, uno de los principales dirigentes de la socialdemocracia alemana a finales del siglo XIX y principios del XX, parece un libertario sexual radical en comparación de los “feministas socialistas” de hoy en día. En La mujer y el socialismo, insistía:
“La satisfacción del instinto sexual es asunto personal de cada uno lo mismo que la satisfacción de cualquier otro instinto natural. Nadie tendrá que dar cuentas a otro ni se entremezclará nadie a quien no se le llame... El hecho de que desaparezca esa vergüenza tonta y ese ridículo secreto para hablar de las cosas sexuales, dará al trato entre los sexos una forma mucho más natural que hoy” [énfasis en el original].
Uno puede leer cientos de páginas escritas por los “feministas socialistas” modernos sin encontrar un solo argumento de que una sociedad socialista le permitirá a todo mundo satisfacer mejor sus deseos y necesidades sexuales.
El futuro comunista
Bajo el comunismo, la gente tendrá la genuina y auténtica libertad de construir y reconstruir sus relaciones interpersonales. Desde luego, esta libertad no es absoluta. La humanidad no puede trascender sus características biológicas y su relación con el entorno natural. El hombre y la mujer comunistas también envejecerán y morirán. Tampoco es posible borrar por completo el pasado y construir la sociedad desde cero. La humanidad comunista heredará, para bien y para mal, el legado cultural acumulado de nuestra especie. No podemos s aber qué prácticas sexuales existirán en la sociedad comunista porque serán determinadas en el futuro. Cualquier proyección, y más aún una prescripción, llevaría consigo las actitudes, los valores y los prejuicios formados en una sociedad de clases represiva.
Una diferencia fundamental entre los marxistas y los feministas, ya sean liberales o supuestamente socialistas, es que nuestro objetivo final no es la equidad entre los géneros como tal, sino el desarrollo progresista de la especie humana en su conjunto. La crianza comunal de los niños bajo condiciones de abundancia material y riqueza cultural producirá seres humanos cuyas capacidades mentales y bienestar sicológico serán vastamente superiores a las de la gente en esta sociedad empobrecida, opresiva y dividida en clases. En un discurso de 1932 acerca de la Revolución Rusa, “¿Qué fue la Revolución Rusa?”, León Trotsky dijo:
“Verdad es que la humanidad ha producido más de una vez gigantes del pensamiento y de la acción que sobrepasaban a sus contemporáneos como cumbres en una cadena de montañas. El género humano tiene derecho a estar orgulloso de sus Aristóteles, Shakespeare, Darwin, Beethoven, Goethe, Marx, Edison, Lenin. ¿Pero por qué estos hombres son tan escasos? Ante todo, porque han salido, casi sin excepción, de las clases elevadas y medias. Salvo raras excepciones, los destellos del genio quedan ahogados en las entrañas oprimidas del pueblo, antes que ellas puedan incluso brotar. Pero también porque el proceso de generación, de desarrollo y de educación del hombre permaneció y permanece siendo en su esencia obra del azar; no esclarecido por la teoría y la práctica; no sometido a la conciencia y a la voluntad...
“Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo en los morteros, con las herramientas del químico. Por primera vez, la humanidad se considerará a sí misma como una materia prima y, en el mejor de los casos, como un producto semiacabado físico y psíquico. El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz”.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/45/familia.html
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2016.06.06 17:27 EDUARDOMOLINA GERMAN CANO, Candidato de PODEMOS al Senado. ¿Construyendo la casa por o con el tejado? Podemos y (algunos de) sus críticos.Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato de la sociedad; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo.

http://ctxt.es/es/20160601/Firmas/6446/Elecciones-26J-Podemos-PSOE.htm
"Seguramente recuerden la cita del multimillonario Warren Buffett: “Claro que hay lucha de clases. Pero es mi clase, la de los ricos, la que ha empezado esta lucha. Y vamos ganando”. Argumentando que la desigualdad económica durante las últimas décadas estaba creciendo exponencialmente mientras menguaban los impuestos para los ricos, la falta de pudor del multimillonario americano planteaba para muchos el escenario obligado en el que debía situarse toda fuerza de oposición. Buffet mostraba así el camino regio de la Izquierda: ésta debía por fin tomarse en serio su lugar en la lucha. ¿Por qué la Izquierda debería responder negando la centralidad de la política de clases e invertir esfuerzo en la lucha ideológica cuando el enemigo mostraba tanto cinismo a la hora de presentar un diagnóstico tan palmario? Contestándola aun de forma insuficiente, la historiadora británica marxista Ellen Meiksins Wood formuló, al calor de la lucha de los sindicatos mineros en los ochenta en Inglaterra, una pregunta clave: ¿por qué los movimientos críticos deberían obsesionarse más con los fetiches ideológicos del thatcherismo que con su práctica real en su guerra de clases contra el trabajo?
Vistas retrospectivamente estas dos décadas, lo que a Meiksins Wood le parecía un error --esa excesiva preocupación por la lucha ideológica-- se antoja hoy, sin embargo, una cuestión determinante. Y lo es, entre otras cosas, porque precisamente esa derrota de los sindicatos mineros en manos de Thatcher, muy glosada en el imaginario cinematográfico, por ejemplo, sigue siendo una amarga lección de los errores políticos ligados a esa vuelta al "realismo" de clase sin práctica cultural. En Inglaterra se esperaba la fuerza de la clase trabajadora, pero tampoco llegó esta vez conforme a las expectativas. Si la respuesta realista al cinismo de la clase dominante produjo una política incorrecta para esa lucha correcta fue justo por descuidar el trabajo ideológico y subestimar el modo en el que el adversario había cambiado también su forma. Ahora se llamaba neoliberal, y mientras la Izquierda ondeaba épica y frontalmente sus banderas frente al adversario, aquél ganaba sutil y capilarmente su fuerza mediante la búsqueda de consentimiento en las experiencias de la vida cotidiana y lograba condensar la inevitable pluralidad y la diferencia de las sociedades tardocapitalistas en un proyecto político-cultural.
En esta coyuntura sin garantías históricas, puede entenderse que la arquitectónica tradicional de la Izquierda, con sus privilegios apoyados sobre la diferencia entre base económica y supraestructura ideológica, entrara en crisis. Lo significativo es que, a raíz de las transformaciones culturales del capitalismo desde los sesenta, tener políticamente los pies en el suelo dejó de ser una opción, al menos políticamente hablando, realista. Máxime cuando las clases trabajadoras votaban derecha y los oprimidos por el sistema parecían mostrarse muy interesados en luchar contra sus presuntos intereses "naturales". Ante esta situación, el error político de la Izquierda fue, siguiendo la clásica brújula de los cimientos --ese "en última instancia"--, adoptar el mantra racionalista y entender como un simple error de juicio por parte de las masas su renuncia voluntaria a sus intereses, el haberse dejado manipular por las añagazas del conservadurismo thatcheriano. Ahora bien, si el nuevo "populismo autoritario", como fue definido por Stuart Hall, generó tal consentimiento ¿no fue porque, en esa situación concreta, aunque deformándolas en un sentido de repliegue conservador, interpelaba y escuchaba mejor las condiciones reales, experiencias y contradicciones de la vida de la gente?
¿Qué lecciones extraer de estos procesos históricos? Una posible, que si la izquierda quería ser una alternativa seria, su reconstrucción tenía que partir del reconocimiento de los puntos fuertes de su adversario y ser también consciente de su fuerza ideológica. En esta conservación con el diablo ya Gramsci había marcado líneas de orientación de una posible propuesta carente de garantías pero rica en articulaciones. Si la huelga de mineros de 1984-1985 mostró algo era que la apelación desnuda a la lucha de clase en los términos “realistas” de Buffet se estrellaba ante un thatcherismo que había conquistado posiciones de consenso en espacios sociales tradicionalmente ocupados por la clase trabajadora. La crisis se cerraba desde arriba en términos neoliberales mientras las apelaciones a "lo obrero" seguían planteando el territorio de combate en los escenarios clásicos.
Si Podemos apareció para algunos sectores como un “intruso” en la casa de la izquierda es porque buscó desde su entrada en escena, conforme a estas lecciones históricas, poner entre paréntesis esa identidad que obligaba obsesivamente a transmutar heroicamente las derrotas en victorias y jugar otro juego, cambiando la escala del enfrentamiento. Se había perdido, y había que reconocerlo, pero no necesariamente había que resignarse. El momento autocrítico del pesimismo de la inteligencia podía encontrar su optimismo. Pero para ello había que superar una estéril alternativa, la que aparecía, por un lado, entre la apuesta por abrillantar los cimientos del edificio de la Izquierda a la “espera” de que los receptores llegaran a la buena nueva de su mensaje en virtud del reconocimiento de sus profundas contradicciones y malestares y, por otro, los diferentes voluntarismos. En este sentido, yerran en el tiro quienes acostumbran en sus análisis a identificar a Podemos con una "fantasía intelectualista" enamorada de la capacidad mundoconstituyente del discurso y al margen de las condiciones materiales y sociales, como trataré de argumentar.
Aquí observamos algo curioso: cuánto más se desacredita políticamente a la formación por interpelar al grado más grosero de la emotividad, más se censura teóricamente su supuesto manierismo conceptual. Incluso allí donde la Izquierda cuestiona de Podemos una excesiva interpelación moralista al sentido común de “lo justo” que maquilla las "verdaderas" necesidades e intereses, la Derecha solo percibe a un funesto aprendiz de brujo que desata las bajas pasiones de la turba.
En todo caso, hastiado de esa espera, que solo redistribuía el poder dentro de los aparatos tradicionales de partido, y sabedor de la ilusión que suponía seguir huyendo hacia adelante, Podemos entró en la escena política española entendiendo que debía aceptar y contaminarse con ese fragmentado y contradictorio sentido común existente trabajando en sus núcleos de buen sentido. Había que intervenir y “llegar a tiempo” allí donde la construcción política podía ser más efectiva. En pocas palabras, no había que seguir esperando a la Izquierda. Para ello había que aligerarla un poco de peso, aceptar un horizonte político sin garantías históricas, y afinar la relación entre la teoría y la praxis. Pero no desde un voluntarismo discursivo, como se critica habitualmente con desconocimiento, sino justamente para poder conectar mejor con la realidad social. Había que tener presente la lección del 15M de que la construcción política se podía realizar mejor bajo fórmulas más sencillas, emotivas y cotidianas que desde proclamas identitarias o marcos apriorísticos que recortaban la coyuntura en función de sus presupuestos a priori. Lo que perturba de los nuevos agentes políticos es que son fuerzas históricas que no se cimentan de forma evidente o directa en las condiciones específicas de la vida material o, al menos, se relacionan con ella de una forma más compleja.
Sin embargo, la respuesta de los críticos fue inmediata: Podemos buscaba "construir la casa por el tejado". En lugar de ver la complejidad del “con”, se optó por la interpretación de “por el tejado”. Demasiada "cultura" y discurso, en suma. Aunque, ciertamente, la casa de la Izquierda, a pesar de los entusiastas insobornables al desaliento ("El 15M como fase prerrevolucionaria"), si no estaba medio en ruinas, no ofrecía muy buen aspecto, no se ponía en duda la relación entre los cimientos y los techos ideológicos.
¿Qué ofrecía Podemos a la pérdida de ese privilegio arquitectónico de la Izquierda? La hipótesis de que el importante aprendizaje realizado desde la década de los sesenta por los movimientos sociales de que los intereses políticos no se agotan en situaciones conflictivas de clase no necesariamente tiene que implicar cortar el nudo existente entre las situaciones sociales y materiales y los intereses políticos. Eso sí, esa tensión debía afrontarse con una mayor complejidad de lo que la izquierda tradicional lo había hecho en su programa político y práctica cultural. ¿Cómo impulsar una mejor relación entre los "cimientos" y el tejado, entre la "materia prima" de los malestares sociales y el horizonte, la ilusión de futuro?
Se esgrime desde la izquierda marxista, y a veces con razón, que la imagen planteada por sus críticos revisionistas es de un excesivo reduccionismo. Pero en este debate también a veces uno tiene la impresión de que la izquierda tradicional a menudo entiende que tomarse la cultura en serio es tomársela excesivamente en serio y de que con frecuencia se construye un espantajo, el muñeco políticamente hipertrofiado del "voluntarismo discursivo", para evitar un debate más matizado y complejo sobre una práctica política y económica sensible a las derrotas ante el neoliberalismo. Si acudimos, por ejemplo, al análisis del thatcherismo y la derrota de las luchas mineras en los ochenta, observamos que tanto por los resabios reduccionistas como también por los excesos posmodernos culturalistas no hemos avanzado demasiado.
En este contexto, la novedad de Podemos, y lo digo so pena de ser repetitivo, ha radicado precisamente en ofrecer una posibilidad distinta de entender la conexión entre la teoría y la praxis, no en disolverla desde una presunta autonomía del discurso político. En otras palabras, ¿realmente alguien puede creer que el éxito de su hipótesis ha consistido en su voluntarismo discursivo al margen de las condiciones materiales y sociales de nuestro país? Si la práctica político-cultural de Podemos ha abierto, como todo el mundo reconoce, una brecha no es, desde luego, porque haya sobrevolado moral o utópicamente con una "fantasía intelectualista" estas condiciones emergentes o se haya anticipado o fundido con ellas, sino porque las ha interpretado mejor desde una "imaginación --este es el matiz gramsciano decisivo-- concreta" para transformarlas.
Si ha sido, al menos por ahora, una buena respuesta a una problemática concreta es porque, de algún modo, esta respuesta estaba ligada orgánicamente, por así decirlo, a dicha problemática social, esto es, no estaba separada de ella. Si no hubiera sido así --y este era el riesgo que sobrevoló, en enero de 2014, sobre muchos participantes en el acto del Teatro del Barrio--, no habría existido ningún espacio político de mayorías para Podemos y la formación habría engrosado la larga lista de "frentes populares judaicos" al estilo de Monty Python. Alguien dijo que el discurso del PSOE tenía éxito porque era un retrato fidedigno de la sociedad española; si Podemos empieza a serlo es justo por lo mismo. Ojo, y un retrato no es una foto fija, sino más bien en movimiento, con sus deseos y expectativas.
Es esta relación entre la hipótesis teórica y la realidad social en movimiento la que queda desdibujada cuando se presenta a Podemos como la hipótesis de un grupo básicamente universitario que, experto en el marketing político, ha sabido agregar mecánicamente, en función de un discurso seductor, múltiples voluntades. Esta lectura no solo subestima la capacidad popular de entendimiento como una dimensión activa, sino que malentiende la tensión entre el proyecto político y la fuerza social que le acompaña, toda vez que la entiende como simple arcilla susceptible de ser estirada y moldeada por una supuesta vanguardia intelectual.
En efecto, más que asumirse de un modo pasivo, la identidad de un proceso colectivo se conforma en su proceso, en su aprendizaje, en sus relatos, expectativas de futuro, hitos e imágenes. Este es el sentido de que un pueblo, más que nacer o venir al mundo, deviene. Esta es una construcción que hoy precisa, frente a las élites extractivas, no de un cierre de filas desde la suma de fuerzas "radicales", sino sobre la base de una inédita y radical fraternidad social entre extraños que no descuide el trabajo político en esos espacios cotidianos y normalizados que hasta ahora eran vistos como distracciones secundarias. Esto es justo "hacer pueblo": impulsar un proceso de aprendizaje colectivo distinto del de construir sobre los cimientos de la "casa de la Izquierda".
En el artículo de respuesta a Iñigo Errejón de Brais Fernández y Emmanuel Rodríguez, ya replicado adecuadamente por Adrià Porta y Luis Jiménez en lo que respecta al supuesto problema de “la autonomía discursiva”, hay un punto, aparentemente secundario, que quisiera comentar para terminar. En él llama la atención cierta indiferencia en relación con la "clienta animalista" y el "carnicero que se divierte en Chueca", los dos ciudadanos que se muestran simpatizantes con Podemos en el artículo del secretario político de la formación morada. Mientras Errejón parte del malestar difuso de ambos individuos como una advertencia reflexiva sobre cómo los procesos de construcción política articulados por Podemos no nos sitúan en un escenario en absoluto claro y distinto y, desde luego, ajeno a los modos de interpelación individualista del liberalismo y clasista del marxismo, Fernández y Rodríguez, atados a la típica lógica de la izquierda tradicional de ir más allá de lo aparente e ir a los "cimientos", parecen desestimar la relevancia política de estos malestares "superficiales" por no situarse en la esfera genuina de la lucha y el conflicto ("sin la experiencia del conflicto, no hay sujeto", escriben). Se deduce que, en las prioridades de su agenda política, ni la clienta animalista ni el jovial carnicero del "súper chic" (sic) del barrio de Errejón merecen especial atención por no ser suficientemente radicales. A diferencia de ellos, entiendo que articular y construir sobre estos malestares un discurso político es un trabajo hoy necesario de no menos radicalidad política.
En primer lugar, porque esa indiferencia deja de lado la constatación de que en un escenario en el que las élites políticas y económicas actuales à la Buffet viven tan obscenamente a espaldas del resto de la sociedad, estos individuos tan "normales" son aliados frente a un mismo adversario que desahucia nuestras mismas condiciones de vida. En un contexto como el del neoliberalismo actual que hace gala de la mayor radicalidad revolucionaria y erosiona toda normalidad, ¿cómo no hacernos cómplices de la gente normal? Por otra parte, ¿cómo cambiar las cosas si somos demasiado diferentes de esta normalidad? Cuidado aquí -no lo digo por los autores-- con repetir errores anteriores de la Izquierda, cuando la crítica radical a todo lo "burgués" por pusilánime y moderado allanaba el camino a la concentración de un capital que veía con buena gana las reivindicaciones extraordinarias de un "hombre nuevo".
En segundo lugar, mientras el interés de Errejón va de las expectativas afectivas de estos dos individuos a la identificación con el proyecto de Podemos --¿qué fantasía o imaginación concreta les estimula?--, Fernández y Rodríguez, ajenos al reconocimiento de esas demandas, rehacen el camino yendo a la situación social de estos, mostrando indirectamente su esterilidad política a raíz de su moderación social (hasta ahora) indiferente a la lucha y el conflicto social.
La no interpelación o descalificación implícita de esos espacios de vida y reconocimiento, que no se interesa por la densidad de esas experiencias e identidades no forjadas en la esfera del trabajo, se antoja además un repliegue político problemático en un contexto como el neoliberal. Por otra parte, al subordinar estas experiencias cotidianas al centro de gravedad del conflicto deja escapar la cuestión de cómo evitar el sectarismo y abrirse a la generación de nuevos sujetos políticos. Porque es en este terreno ambiguo donde también pueden constituirse otras prácticas y confrontaciones. Aquí lo que se puede ver como una "evasión" culturalista de lo importante es justo el terreno decisivo, por mucho que se perciba erróneamente que ocuparse de "esas cosas" no es hacer política de verdad.
En la medida en que los críticos de Podemos tienden a entender la lógica política como una topología binaria donde la superficie y la profundidad no tienen posibles mediaciones, desestiman el valor político de ese malestar confuso y epidérmico --ese "plus de sentido" o "excedente simbólico" del que habla Errejón-- por no ser un valor político serio. No merece la pena tomarse en serio, parecen decir, a quienes no se toman la política suficientemente en serio, esto es, como lucha o conflicto. Vemos aquí que tomarse el plano cultural o discursivo en serio apunta a una lógica distinta que no necesariamente lo plantea como causa última. En este sentido, tomarse culturalmente la política en serio significa tomarse en serio a quienes parecen (solo desde la mirada profunda de los "cimientos") no tomarse la política en serio. Yerra el tiro, pues, quien ve en este movimiento un gesto que hace cultura mientras no puede hacer política transformadora; es justo al contrario, se hace práctica cultural para hacer política transformadora, mientras se hace política.
Si Podemos ha puesto en práctica una mejor gramática de la crisis española no es porque se haya limitado a ser el reflejo directo o mecánico de la fuerza ya existente en las calles y plazas, sino porque ha sabido construir intereses políticos de forma efectiva sobre y desde estas nuevas fuerzas difusas de cambio y resistencia. Llama la atención por tanto que se acuse de hipertrofia politicista a una hipótesis que ha transformado con tanta efectividad la realidad del tablero político existente y precisamente dejando de lado las estrategias que ahora se vuelven a esgrimir como menos intelectuales y "más realistas". Más que debates teóricos sobre Laclau, Althusser o Kant, ¿no es más importante partir de esta premisa: ¿cómo y por qué hemos llegado a ser en la práctica la verdadera fuerza alternativa al bipartidismo y al Régimen del 78?
Lo que está en juego en esta "vuelta a los cimientos" por parte de la Izquierda clásica y, por tanto, en esa imagen de la cultura como simple "tejado" es un problema político hoy crucial. En la medida en que estas posiciones, marcadas históricamente por un modo muy directo de entender la militancia y la lucha social "en la calle", entienden que la hegemonía ideológica no se gana en el terreno cotidiano del sentido común, un plano por definición, según esta concepción, excesivamente normalizado y "pasivo", sino en el de los cimientos de la casa --la base socioeconómica, su reproducción y sus intereses "objetivos"--, es estéril plantear una lucha en un enclave donde, según ellas, no se gana absolutamente nada o muy poco.
Otra posición parecida aquí es la que subraya la necesidad, a la hora de hacer política, de luchar no para conseguir poder o construir una mayor fuerza de consenso para introducir determinadas cuestiones, sino de decir enfáticamente la verdad. No hace falta insistir en qué medida la Izquierda tradicional ha estado apegada a esta imagen topológica que separa sin mediaciones entre la superficie de la ilusión y la mixtificación y la realidad de fondo. Aquí la obsesión espeleológica de la Izquierda tiende a no comprender el sentido común como un espacio de frontera o zona de contacto no dominada unilateralmente por la lógica capitalista y que muestra resistencias y fisuras.
Podemos no es ni puede ser un proyecto puramente teórico basado en una política ideológica ociosamente desconectada de sus bases sociales; por el contrario, debe operar como una fuerza social organizadora que constituya activamente a los sujetos humanos desde la raíz de sus experiencias en la esfera de la vida cotidiana y pretenda dotarles de formas de valor y creencia relevantes para sus tareas sociales específicas y la reproducción general del orden social. Estos sujetos se constituyen siempre de manera conflictiva y precaria; y aunque la ideología se "centre en el sujeto", no puede reducirse a la cuestión de la subjetividad. Aunque la mejor política ideológica posible contribuya a la constitución de intereses sociales en vez de limitarse obedientemente a expresar o reflejar pasivamente posiciones dadas de antemano, no da carta de naturaleza ni crea desde la nada estas posiciones por su propia omnipotencia discursiva.
Si, como ha escrito Santiago Alba, "en las palabras cabe mucha más gente que en una casa" es porque, como también ha dicho Iñigo Errejón, "el discurso no es un mero ropaje". En una situación de desahucio de nuestras condiciones antropológicas de existencia en la que, como hoy es ostensible, lo viejo, agonizante, no termina de morir y lo nuevo de nacer, también emergen comprensibles miedos o reacciones defensivas, tentaciones de cimentar el edificio mirando hacia abajo sin mirar hacia el horizonte cultural. Miedo a perder las viejas certidumbres políticas conocidas por lo bueno por conocer que se puede construir, traduciendo los gestos y reivindicaciones heredados a las nuevas exigencias; miedo ante el vértigo de estar en una formación política que se expone a los ojos del mundo por abrir una brecha desconocida cuando supuestamente "no había alternativas"; miedo a perder suelo y el reconocimiento de los tuyos por salir de las zonas de confort y buscar a los que faltan; miedo a escuchar el confuso lenguaje en el que habla culturalmente el presente cuando tu mirada está demasiado vuelta hacia atrás o demasiado adelante. Un lenguaje de época, en efecto, que solo es ruido o mera cáscara seca para quien aún piensa en que puede desnudar la realidad con una última verdad o cree demasiado en la autenticidad, pero que también es un filón para quien lo explora en su política cultural como terreno de lucha."
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2016.06.04 13:59 ShaunaDorothy Sobre la política trotskista en la Segunda Guerra Mundial - Neomorenistas del PTS reviven la “Política Militar Proletaria” (Junio de 2012)

https://archive.is/cG8u0
Espartaco No. 35 Junio de 2012
La “Política Militar Proletaria” (PMP), propuesta originalmente por Trotsky en los últimos meses de su vida, era una serie de demandas centradas en la consigna por el “control sindical del entrenamiento militar”. Esta política, que despertó en aquel entonces controversia significativa entre quienes se reclamaban trotskistas, desempeñó un papel importante en desorientar a las pequeñas y a menudo aisladas secciones de la IV Internacional en los primeros años de la Segunda Guerra Mundial. La PMP no ha sido operativa desde alrededor de 1943, cuando quedó claro que los imperialistas aliados ganarían la guerra contra las potencias del Eje. Sin embargo, los neomorenistas del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) argentino la revivieron con la publicación de la antología Guerra y revolución: Una interpretación alternativa de la Segunda Guerra Mundial (Buenos Aires: Ediciones CEIP “León Trotsky”, 2004), en cuya introducción presentan su propia defensa de la PMP. Nuestros lectores podrán encontrar un análisis altamente crítico de la PMP y considerablemente más extenso que el presente artículo en Prometheus Research Series No. 2, “Documents on the ‘Proletarian Military Policy’” (Documentos sobre la “Política Militar Proletaria”, 1989), que incluye una introducción elaborada por el Comité Ejecutivo Internacional de la LCI (entonces tendencia espartaquista internacional), así como documentos contemporáneos[1] y otros análisis críticos retrospectivos espartaquistas.
Debe ser algo distinto al profundo respeto por los anales del marxismo revolucionario lo que impulsa a los empedernidos oportunistas del PTS a revivir la PMP, una política que representó conciliación a la propaganda bélica de los imperialistas aliados y que se apartó del entendimiento leninista elemental del estado burgués como un aparato para la represión sistemática contra los obreros y oprimidos que no puede ser reformado, sino que debe ser destruido mediante la revolución proletaria y remplazado por un estado obrero.
Las implicaciones reformistas y socialpatriotas de la PMP no son, por supuesto, un problema para el PTS y sus compinches internacionales (la Fracción Trotskista-Cuarta Internacional, cuya sección mexicana es la Liga de Trabajadores por el Socialismo, LTS), quienes exigen cotidianamente la “disolución de los cuerpos represivos” del estado, es decir, una petición al estado burgués a que se disuelva a sí mismo. De manera nada sorprendente, recientemente encontraron cauce para su adopción de la PMP en el contexto de la ola chovinista que azotó Argentina ante el XXX aniversario de la Guerra de las Malvinas/Falklands —una guerra reaccionaria por ambos bandos—, al exigir retrospectivamente que las organizaciones obreras impusieran la conscripción universal para ir a luchar, al mando del gorila Galtieri, por las escuálidas islas (ver artículo en p. 16). Precisamente por ser un vehículo que les permite dar rienda suelta a su acomodación a su “propia” burguesía, el PTS ve en la PMP “una teoría acabada de la revolución” cuya “perspectiva estratégica”, “programa” y “consignas” “eran mucho más maduras, e incluso superiores, a las de Lenin y los bolcheviques”.
“La guerra y la Cuarta Internacional”
En junio de 1934 Trotsky escribió “La guerra y la Cuarta Internacional”, un manifiesto sobre la inminente conflagración imperialista que desenmascaraba tajantemente las pretensiones “antifascistas” y “democráticas” de los imperialistas aliados con base en el derrotismo de Lenin. Salvo en lo referente a la defensa de la Unión Soviética, el proletariado no tenía interés en la guerra venidera, en la cual millones habrían de morir para que una u otra banda imperialista asegurara sus ganancias exorbitantes basadas en la explotación colonial. Extendiendo la política derrotista revolucionaria que guió a los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial y que empapa los documentos de los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista, Trotsky escribió:
“58. Cuando se trata de un conflicto entre países capitalistas, el proletariado de cualquiera de ellos se niega categóricamente a sacrificar sus intereses históricos, que en última instancia coinciden con los intereses de la nación y de la humanidad, en beneficio del triunfo militar de la burguesía. La fórmula de Lenin ‘La derrota es el mal menor’ no significa que lo sea la derrota del propio país respecto a la del país enemigo, sino que la derrota militar resultante del avance del movimiento revolucionario es infinitamente más beneficiosa para el proletariado y todo el pueblo que el triunfo militar garantizado por ‘la paz civil’. Karl Liebknecht planteó un lema hasta ahora no superado para la política proletaria en épocas de guerra: ‘El principal enemigo del pueblo está en su propio país’. La revolución proletaria triunfante superará los males provocados por la derrota y creará la garantía final contra futuras guerras y derrotas. Esta actitud dialéctica hacia la guerra constituye el elemento más importante de la educación revolucionaria y por lo tanto también de la lucha contra la guerra.
“59. La transformación de la guerra imperialista en guerra civil es el objetivo estratégico general al que se debe subordinar toda la política de un partido proletario”.
Ésta es la posición fundamental que los revolucionarios sostenemos en el caso de guerras reaccionarias.
Enfrentados en cuanto a la redivisión del mercado mundial, los imperialistas, tanto “democráticos” como fascistas, tenían, sin embargo, un objetivo clave en común: la destrucción de la URSS, el primer estado obrero del mundo, lo cual habría tenido consecuencias funestas para el proletariado mundial. En la víspera de la segunda guerra interimperialista, Trotsky temía que una catástrofe se aproximaba a la Unión Soviética, especialmente a la luz de los efectos desastrosos, evidentes en la secuela del pacto Hitler-Stalin, de la decapitación del Ejército Rojo perpetrada por Stalin en las purgas de los años 30. Correspondientemente, Trotsky añadió una sola cosa —ciertamente fundamental— al programa revolucionario elaborado durante la Primera Guerra Mundial: el deber del proletariado mundial de defender militarmente las conquistas de la Revolución de Octubre a pesar de la usurpación del poder político por parte de la casta burocrática encabezada por Stalin:
“8. ...Defender a la Unión Soviética de los ataques de los enemigos capitalistas, más allá de las circunstancias y causas inmediatas del conflicto, es obligación elemental de toda organización obrera honesta”.
El origen de la PMP
Sin embargo, en mayo de 1940, conforme los ejércitos de Hitler avanzaban por Bélgica y Holanda hacia París, Trotsky redactó un nuevo manifiesto sobre la guerra, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, que fue adoptado por una conferencia de emergencia de la IV Internacional en Nueva York. En un pasaje cerca del final del manifiesto aparece por primera vez un nuevo elemento en el programa de la IV Internacional sobre la guerra imperialista:
“La militarización de las masas se intensifica día a día. Rechazamos la grotesca pretensión de evitar esta militarización con huecas protestas pacifistas. En la próxima etapa todos los grandes problemas se decidirán con las armas en la mano. Los obreros no deben tener miedo de las armas; por el contrario, tienen que aprender a usarlas. Los revolucionarios no se alejan del pueblo ni en la guerra ni en la paz. Un bolchevique trata no sólo de convertirse en el mejor sindicalista sino también en el mejor soldado.
“No queremos permitirle a la burguesía que lleve a los soldados sin entrenamiento o semientrenados a morir en el campo de batalla. Exigimos que el estado ofrezca inmediatamente a los obreros y a los desocupados la posibilidad de aprender a manejar el rifle, la granada de mano, el fusil, el cañón, el aeroplano, el submarino y los demás instrumentos de guerra. Hacen falta escuelas militares especiales estrechamente relacionadas con los sindicatos para que los obreros puedan transformarse en especialistas calificados en el arte militar, capaces de ocupar puestos de comandante”.
Estas oraciones son la primera expresión de lo que pasaría a conocerse como la “Política Militar Proletaria”. En septiembre, un mes después del asesinato de Trotsky a manos de un esbirro estalinista, el Socialist Workers Party (SWP, Partido Obrero Socialista), sección estadounidense de la IV Internacional, adoptó formalmente una resolución sobre la nueva política militar en una conferencia en Chicago:
“Luchamos contra el envío de obreros-soldados a la batalla sin entrenamiento y equipo apropiados. Nos oponemos a la dirección militar de los obreros-soldados por parte de oficiales burgueses que no tienen consideración alguna por su trato, su protección y sus vidas. Exigimos fondos federales para el entrenamiento militar de obreros y obreros-oficiales bajo el control de los sindicatos. ¿Expropiaciones militares? Sí, ¡pero sólo para el establecimiento y equipamiento de campos de entrenamiento obreros! ¿Entrenamiento militar obligatorio de los obreros? Sí, ¡pero sólo bajo el control de los sindicatos!”
El llamado del SWP equivale a alguna forma de “control obrero” del ejército burgués, lo cual es descaradamente utópico: el estado burgués no va a ceder el control del entrenamiento militar, ni ningún aspecto del ejército burgués, mediante la legislación. Como señaló en 1941 un miembro de la IV Internacional en Europa (ver PRS No. 2), el “control sindical de la defensa nacional” bajo el régimen burgués sólo puede instituirse en un sentido fascista o corporativista; de hecho, es muy significativo que la única federación sindical que adoptó el programa de la PMP durante la guerra fue nada menos que la CTM mexicana.
Trotsky y el SWP se equivocaron al tratar de plantear un conjunto de demandas positivas para la segunda guerra imperialista mundial en la ausencia de una situación revolucionaria. Llamar por el poder estatal proletario en medio de una situación potencialmente revolucionaria para emprender la defensa contra Hitler no es lo mismo que llamar por el “control sindical del entrenamiento militar” cuando es el estado burgués el que le hace la guerra a Hitler. Como regla general, los revolucionarios preferimos emplear demandas negativas respecto al estado burgués, pues éstas son el vehículo más poderoso para movilizar a las masas contra la burguesía. Como muestra el ejemplo del PTS, las demandas positivas a las instituciones centrales del estado capitalista —el ejército, la policía y los tribunales— fácilmente pueden ser utilizadas en el sentido reformista de presentar al aparato estatal burgués como si fuera de alguna manera neutral respecto a las clases.
El propósito de ser “el mejor soldado” en un ejército burgués, la demanda por mejor entrenamiento y equipo, la absurda exigencia por el “control sindical del entrenamiento militar”, todo ello está contrapuesto al entendimiento de la Segunda Guerra Mundial como una guerra interimperialista reaccionaria en la cual el proletariado no tenía lado —excepto en defensa de la URSS—. No muy oculta en la PMP estaba la proposición de que el proletariado del mundo (fuera de Alemania) tenía un enemigo mayor que su propia burguesía, a saber, el fascismo alemán. De hecho, la nueva política militar sólo era aplicable en la Gran Bretaña, Estados Unidos y sus aliados subordinados (Australia, Canadá), por lo cual había una tendencia anglo-estadounidense tácita en la abstracción de “la burguesía” en las formulaciones de la PMP: el manifiesto de mayo de 1940 no estaba exigiendo precisamente que el estado dirigido por Hitler estableciera escuelas para el entrenamiento militar de los obreros bajo control sindical. El núcleo de la PMP era el apoyo a una guerra contra el fascismo sin dejar claro a qué clase social pertenecía el estado que libraba la guerra. Debido a la popularidad de una “guerra democrática contra el fascismo”, el efecto real de la PMP habría sido simplemente hacer más eficiente la guerra del estado burgués y democratizar su dirección.
En gran medida, la PMP se basó en una prognosis exagerada del grado al cual el proletariado lucharía contra la guerra al principio de ésta. Trotsky pensó que la necesidad bélica eliminaría rápidamente la máscara “antifascista” y “democrática” de los imperialistas anglo-estadounidenses. Esperaba que las burguesías de ambos países se verían forzadas a imponer alguna variante de dictadura bonapartista en respuesta al creciente descontento, lo cual conduciría a la lucha social y quizá a situaciones de poder dual. Además, Trotsky pensaba que, ante la lucha social interna, los imperialistas anglo-estadounidenses seguirían el ejemplo de sus aliados franceses y se volverían “derrotistas”, viendo en Hitler al mal menor. Con base en este pronóstico, Trotsky combinó incorrectamente la “lucha contra el fascismo” en la guerra con la tarea proletaria de la toma del poder.
El PTS sobre la SGM: ¿“Democracia contra fascismo” después de todo?
Aunque el PTS niega formalmente que la Segunda Guerra Mundial haya sido una genuina “guerra contra el fascismo”, todos sus argumentos en defensa de la PMP introducen, en el mejor de los casos, agnosticismo respecto al carácter reaccionario del conflicto. Así, para justificar la insuficiencia del derrotismo revolucionario de Lenin y la necesidad de una nueva política, el PTS argumenta que la Segunda Guerra Mundial representó un “salto” respecto a la primera que hacía imposible “repeticiones mecánicas de las viejas fórmulas de los revolucionarios durante la Primera Guerra”. El “salto”, por supuesto, era el fascismo, y el propósito de todo esto es justificar la noción de que se podía luchar contra él mediante el esfuerzo bélico aliado: “Que la guerra que se avecinaba era de carácter interimperialista no implicaba para los trotskistas subestimar al fascismo y la necesidad del movimiento obrero de entablar una lucha encarnizada contra él desde sus inicios, ya que sería el principal perjudicado”.
La lucha obrera contra el fascismo podía librarse solamente de manera independiente de las burguesías “democráticas”, una perspectiva por la que los trotskistas habían luchado, efectivamente, desde los inicios del fascismo. De hecho, el que la pasividad criminal del Partido Comunista Alemán ante el ascenso de los nazis de Hitler no causara ni la más mínima revuelta dentro de la III Internacional hizo que Trotsky declarara que la Comintern estaba muerta para la causa de la revolución proletaria y llamara a construir nuevos partidos comunistas que sostuvieran la bandera del leninismo. La IV Internacional, fundada en 1938 en la víspera de la guerra inminente, encarnó esta continuidad leninista.
Pero el objetivo de la PMP de actuar como “los mejores soldados” de los ejércitos aliados en la Segunda Guerra Mundial no tenía nada que ver con la lucha obrera contra el fascismo. Como Trotsky mismo había señalado en “La guerra y la Cuarta Internacional”:
“18. La impostura de la defensa nacional siempre trata de ocultarse tras la impostura de la defensa de la democracia. Si incluso ahora, en la época del imperialismo, los marxistas no identifican democracia con fascismo y están dispuestos en todo momento a rechazar los ataques del fascismo a la democracia, ¿no debería el proletariado, si se declara la guerra, apoyar a los gobiernos democráticos contra los fascistas?
“¡Flagrante sofisma! Defendemos a la democracia contra el fascismo por medio de las organizaciones y métodos del proletariado... Y si nos oponemos de manera irreconciliable a los gobiernos más ‘democráticos’ en épocas de paz, ¿cómo podemos asumir la más mínima responsabilidad por ellos durante la guerra, cuando todas las infamias y crímenes del capitalismo se llevan a cabo de la manera más brutal y sangrienta?
“19. Una guerra moderna entre las grandes potencias no será una lucha entre la democracia y el fascismo sino un conflicto entre dos sectores imperialistas por un nuevo reparto del mundo”.
El vínculo que la PMP hizo de la “defensa de la democracia” y el “antifascismo” con el esfuerzo bélico de los imperialistas anglo-estadounidenses representó una capitulación a la falsa conciencia y le cedió terreno a la propaganda bélica de los imperialistas aliados. El deber de los revolucionarios era el opuesto: exponer las pretensiones antifascistas de las clases gobernantes aliadas.
El proletariado tenía toda razón para temer y odiar la bota nazi. Pero habría sido mucho mejor que la lucha proletaria y los levantamientos coloniales paralizaran el esfuerzo bélico anglo-estadounidense, quizá conduciendo a victorias alemanas transitorias, ¡a que el proletariado apoyara implícitamente a los ejércitos aliados mediante la exigencia de soldados mejor entrenados y equipados!
Abjurando el derrotismo revolucionario
Reconociendo que el derrotismo revolucionario es un obstáculo a la adopción de la PMP —aunque sin decirlo jamás abiertamente—, el PTS centra una buena parte de sus argumentos en minimizar y oscurecer el significado de esta política leninista clave. Así, presenta el derrotismo como alguna oscura polémica interna que trataba simplemente de “reagrupar a la vanguardia y a los elementos más avanzados de la socialdemocracia, y no de formular una política activa hacia el movimiento obrero”. Hace suya la posición de un tal Jean-Paul Joubert, quien argumenta nada menos que “la fórmula” del derrotismo “no se encuentra...en el proyecto de resolución y de manifiesto de la ‘Izquierda de Zimmerwald’”, ni tampoco fue utilizada “durante los seis años siguientes a la revolución de octubre, en ningún texto importante de Lenin o de la Internacional Comunista”. “Por el contrario”, concluye Joubert, “Lenin martilla sin cesar en la ‘transformación de la guerra imperialista en guerra civil’”[2].
Todo esto va más allá del confusionismo. La lucha de Lenin por la III Internacional, incluyendo entre la izquierda de Zimmerwald, se libró sobre la base del derrotismo revolucionario y sobre el cadáver de la II Internacional socialpatriota; el derrotismo guió toda “política activa” de los bolcheviques tanto como el servilismo a los esfuerzos bélicos de sus respectivas burguesías guió la actividad de los socialpatriotas en la II Internacional. El derrotismo no es una mera consigna, sino una posición fundamental del marxismo revolucionario respecto a guerras reaccionarias. Como explicamos en PRS No. 2, el derrotismo representa precisamente el deseo, desde una perspectiva internacional estratégica, de transformar la guerra imperialista en guerra civil:
“El uso del término ‘derrotismo’ se basa en el reconocimiento de que: (1) una cadena de derrotas militares para un gobierno imperialista ayuda al surgimiento de lucha social interna, y (2) cualquier lucha social significativa en tiempo de guerra inevitablemente ‘ayuda’ a la potencia enemiga. El proletariado no restringirá la lucha de clases por temor a facilitar la victoria del ‘campo imperialista enemigo’”.
Hay varias consignas apropiadas para expresar el significado del derrotismo bajo distintas circunstancias, prominentemente la consigna de Liebknecht de “el principal enemigo está en casa” o, por ejemplo en el caso de la India colonial, simplemente “¡Abajo el imperialismo! ¡Abajo la guerra imperialista!”, consignas levantadas por el Bolshevik-Leninist Party of India durante la Segunda Guerra Mundial.
En su esfuerzo por deshacerse del derrotismo y mantener alguna semblanza “izquierdista”, el PTS crea un Trotsky a su imagen y semejanza:
“Muchos sectarios de entonces habían adoptado una posición que en apariencia seguía a Lenin a pie juntillas: ésta es una guerra imperialista, por lo tanto se impone una actitud de derrotismo revolucionario. Pero Trotsky rechazaba esto como un silogismo reñido con la lógica viva y contradictoria de la guerra y su eterna antagonista: la revolución”.
¡Pero Trotsky insistió en la aplicación del derrotismo revolucionario hasta el final de sus días! La PMP fue una política equivocada basada en un pronóstico exagerado de la inminencia de revoluciones proletarias, y Trotsky no vio que estaba, a fin de cuentas, en contradicción con el derrotismo revolucionario; Trotsky no vivió para ver cómo se desarrollaba la PMP en la realidad, habiendo propuesto esta política apenas tres meses antes de su muerte. En cualquier caso, difícilmente se podría argumentar que es la confusión teórica lo que conduce a los peronistas de extrema izquierda del PTS a despotricar contra el derrotismo “sectario” y defender a la PMP 70 años después.
PMP vs. defensa de la URSS: La desvergüenza retrospectiva del PTS
Tras citar un pasaje de la resolución del SWP de 1940 que codificó la PMP, el PTS comenta ridículamente que “en consecuencia con esta política”, el SWP “destinó un destacamento de militantes a la flota mercante de Estados Unidos”. No debería hacer falta un extenso análisis para darse cuenta de que el trabajo del SWP en la marina mercante no tenía nada que ver con la “política militar proletaria”. El SWP perdió al menos a siete de sus militantes en la marina mercante, algunos de los cuales trabajaban en la peligrosa ruta de Múrmansk en la que convoyes aliados llevaban abastecimientos a la Unión Soviética. Este trabajo genuinamente excepcional fue una expresión no de la PMP, sino del defensismo soviético del SWP, algo que al PTS le conviene no reconocer.
De hecho, una de las principales preocupaciones de Trotsky, que debe de haber desempeñado un papel en la elaboración de la PMP, era el grave peligro que la guerra planteaba a la tierra de la Revolución de Octubre. Pero el PTS desaparece este aspecto del problema, por una buena razón: es una organización que nació a la vida política “independiente” a finales de los años 80 apoyando la contrarrevolución capitalista en la RDA, la URSS y toda Europa Oriental, así como hoy reniega de la defensa militar incondicional de los estados obreros deformados que aún quedan contra el imperialismo y la contrarrevolución interna: formalmente en el caso de China y Vietnam, en tanto que a duras penas balbucea una palabra sobre Corea del Norte, prefiere ignorar la existencia del estado obrero en Laos y en los hechos abandona el defensismo respecto al estado obrero cubano (ver “Cuba: Crisis económica y ‘reformas de mercado’”, Espartaco No. 34, otoño de 2011).
El que el PTS adopte retrospectivamente la PMP, así como su apoyo al absurdo intento de Joubert de reducir el defensismo revolucionario a una efímera exageración polémica de Lenin, está en concordancia con su apoyo a la contrarrevolución “democrática” en los estados obreros degenerado y deformados. Y aún así, el PTS tiene la desvergüenza de publicar, en su introducción a Guerra y revolución, una sección entera dedicada a “La defensa de la URSS” con luengas citas de Trotsky, cuyo contenido entero ha pisoteado en cada coyuntura histórica fundamental en continuidad antirrevolucionaria con sus predecesores morenistas de la Liga Internacional de Trabajadores (LIT) (ver, entre otros, folleto del GEM y la Fracción Trotskista del entonces POS, hoy LTS, “Del morenismo al trotskismo: La cuestión rusa a quemarropa”, 1991).
Por otro lado, debe señalarse que todo el trabajo heroico de los trotskistas durante la Segunda Guerra Mundial —incluyendo, entre otros, el trabajo marítimo del SWP y prominentemente el de la célula de los trotskistas de Brest que publicaba Arbeiter und Soldat (Obrero y Soldado) para distribuir al personal naval alemán— está en contradicción directa con la PMP. Aun así, el PTS tiene el descaro adicional de atacar al SWP por imprimir “a la propaganda sobre la PMP un sesgo un tanto ‘defensista’, aproximándose a una posición que postulaba la ‘necesidad de librar la guerra contra el fascismo hasta el final’”. Pero el SWP de Cannon sí se opuso a la Segunda Guerra Mundial. Debido a que el SWP en aquellos años era un partido genuinamente revolucionario proletario —a diferencia de los impostores seudotrotskistas del PTS—, la PMP nunca cobró vida como una demanda programática y pronto fue archivada en algún cajón, y sus implicaciones socialpatriotas nunca echaron raíz. En cambio, es el PTS quien defiende hoy la proposición de ser “el mejor soldado” en los ejércitos aliados y exige retrospectivamente la conscripción universal para ir a matar británicos en las Malvinas/Falklands.
Contorsiones circenses
El PTS se ve obligado a realizar contorsiones verdaderamente sorprendentes para tratar de establecer “antecedentes” para la PMP en las políticas trotskistas durante la Guerra Civil Española, en el Programa de Transición y, más generalmente, en casi cada referencia que Trotsky haya hecho jamás a la lucha por escindir al ejército horizontalmente en tiempos de agitación revolucionaria para ganar a las tropas al lado del proletariado. Pero esto no era nada nuevo ni tiene nada que ver con la PMP; de hecho, Engels había señalado ya desde 1895 la necesidad de escindir al ejército (ver su introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850 de Marx), una política que fue, por supuesto, llevada a cabo con éxito en la Revolución Rusa de 1917. Como “La guerra y la Cuarta Internacional” explica, cuando un revolucionario se ve obligado a ir al ejército,
“sigue siendo un luchador, aprende a usar las armas, explica hasta en las trincheras el significado de clase de la guerra, nuclea a los disconformes, los organiza en células, transmite las ideas y consignas del partido, observa cuidadosamente los cambios en el estado de ánimo de las masas, el reflujo de la marea patriótica, el incremento de la indignación, y en el momento crítico llama a los soldados a colaborar con los obreros”.
¡No precisamente “el mejor soldado” en un ejército burgués!
Quizá el más deshonesto de sus intentos es el de establecer un antecedente de la PMP en Lenin. El PTS afirma que en “El programa militar de la revolución proletaria” (septiembre de 1916), “Lenin formula lo que podríamos llamar, sin temor a abusar de los términos, una ‘política militar del proletariado’”. Sería muy amable llamar a esto “abusivo”. Lenin escribió:
“En lo que se refiere a la milicia, deberíamos decir: no estamos por una milicia burguesa, estamos únicamente por una milicia proletaria. Por consiguiente, ‘ni un centavo, ni un hombre’, no sólo para el ejército regular, sino tampoco para la milicia burguesa, incluso en países como Estados Unidos, o Suiza, Noruega, etc... Podemos exigir la elección de los oficiales por el pueblo, la abolición de todos los tribunales militares, iguales derechos para los obreros extranjeros y los nacidos en el país... Además, podemos exigir, digamos, que cada cien habitantes de un país determinado tengan derecho a formar asociaciones de adiestramiento militar voluntario, con libre elección de instructores, pagados por el estado, etc. Sólo en tales condiciones podría adquirir el proletariado adiestramiento militar, para sí, y no para sus esclavizadores; y los intereses del proletariado exigen absolutamente ese adiestramiento” (énfasis en el original).
De manera totalmente explícita, Lenin no está argumentando por el entrenamiento y equipamiento de “obreros-soldados” para ir a luchar contra los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Este artículo es una polémica contra la consigna reformista del “desarme”[3] en el cual, al tiempo que enfatiza que la Primera Guerra Mundial es totalmente reaccionaria, señala que no todas las guerras lo son, e insiste en que el proletariado necesita su propia milicia, independiente de la burguesía, para luchar por su propia dictadura y consolidarla. La siguiente oración en el artículo, que el PTS convenientemente omite, deja claro lo anterior:
“La Revolución Rusa [de 1905] demostró que todo éxito del movimiento revolucionario, incluso un éxito parcial, como la toma de una urbe, de una ciudad fabril, o el atraerse a una parte del ejército, obliga inevitablemente al proletariado vencedor a poner en práctica precisamente ese programa” (énfasis en el original).
Como escribimos en PRS No. 2:
“En el curso de la lucha que lleva al establecimiento de un estado proletario, el llamado por el establecimiento de organizaciones obreras de autodefensa es central en el programa revolucionario. Estas organizaciones representan la forma embrionaria del ejército del estado obrero, pero sólo si son completamente independientes del estado burgués. El Programa de Transición, adoptado en la conferencia de fundación de la IV Internacional en 1938, asocia el llamado por escuelas militares obreras y entrenamiento militar con la consigna de ‘completa independencia de las organizaciones obreras del control policiaco-militar’. Pero la PMP exigía que el estado burgués financiara las escuelas militares obreras, inclinándose hacia una posición reformista sobre el carácter del estado capitalista. El llamado ridículo del SWP por el ‘control sindical de la conscripción’ fue más lejos por ese camino”.
En suma, ninguna cantidad de sofistería será suficiente para esconder la verdad que yace en la afirmación que hicimos hace ya 40 años y que aplica de manera aún más apta al PTS hoy día: “Sólo socialchovinistas que apoyen los objetivos bélicos de ‘su’ gobierno pueden levantar razonablemente la PMP” (“Proletarian Military Policy” [Política Militar Proletaria], Revolutionary Communist Youth Newsletter No. 13, agosto-septiembre de 1972, reimpreso en PRS No. 2).
Notas
  1. Entre éstos, se incluyen polémicas correctas de Max Shachtman contra la PMP de finales de 1940 y principios de 1941. Menos de un año antes, sin embargo, Shachtman había roto de manera revisionista con el marxismo mediante la repudiación completa de su metodología filosófica, el materialismo dialéctico, y la traición concreta a la Unión Soviética (con base en su “teoría” del “colectivismo burocrático” según la cual la burocracia soviética no era tal, sino una “nueva clase”), primero en la guerra contra Finlandia en 1939 y luego en la invasión alemana de 1941 (ver “La bancarrota de las teorías sobre ‘una nueva clase’”, Spartacist (Edición en español) No. 30, mayo de 2000). La desviación del SWP respecto del contenido principista del leninismo mediante la PMP fue un regalo para Shachtman —entonces aún en sus inicios como revisionista—, el cual pudo explotar porque no se centraba en sus propias áreas de abandono del marxismo. Sin embargo, diez años después, bajo la presión de la Guerra de Corea, su revisionismo se volvió completo y Shachtman impulsó su propia versión, grotescamente reaccionaria, de la PMP. Regresar
  2. Joubert parece retomar al shachtmanista Hal Draper, quien en 1953-54 publicó un largo, oscuro y confusionista opúsculo titulado “The Myth of Lenin’s ‘Revolutionary Defeatism’” (El mito del “derrotismo revolucionario” de Lenin), a inicios de la primera Guerra Fría antisoviética del imperialismo estadounidense, para justificar la línea tercercampista de que, en caso de una guerra entre EE.UU. y la URSS, ¡los “socialistas” estadounidenses no debían estar por la derrota de su “propia” burguesía! Regresar
  3. De hecho, una versión ligeramente distinta, preparada por Lenin, de este mismo artículo se publicó en diciembre de 1916 como “La consigna del ‘desarme’”. Regresar
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/35/pmp.html
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2016.03.30 10:19 EDUARDOMOLINA PABLO IGLESIAS.- Mi cabeza política se hizo en Italia.- ctxt

http://ctxt.es/es/20160323/Politica/5015/Entrevista-Pablo-Iglesias-gobierno-España-Entrevistas-Elecciones-20D-¿Gatopardo-o-cambio-real.htm
Como Podemos, Pablo Iglesias tiene al menos dos almas. En la distancia corta es un tipo tímido, pausado, bien articulado, culto sin llegar a la pedantería --aunque a ratos se pone un poco cursi, no llega a caer en la novela rosa. Se diría que este Iglesias profesoral es una persona distinta a la fiera corrupia que se zampaba a los más agresivos contertulios televisivos de Intereconomía o La Sexta, muy diferente del tribuno que un día lanza cal viva contra las bancadas socialistas para luego susurrarle a Pedro Sánchez “solo faltamos tú y yo”.
Esta multiplicidad de personalidades resume también la montaña rusa existencial en la que vive Podemos, un partido-niño formado por mil mareas, orígenes, corrientes: comunistas gramscianos de la vieja IU, activistas de la PAH, populistas criados en Laclau y curtidos en asesorías peronistas y bolivarianas, humildes indignados del 15M, cristianos de base de las periferias urbanas, profesores, doctores y analistas del CEPS, En Comú, Andalucía, Guanyem…
Viviendo y muriendo de éxito a la vez, víctima y beneficiario de sus contradicciones y su indefinición asamblearia, Podemos se ha convertido en solo dos años en la gran esperanza de la izquierda europea, una vez certificada la claudicación de Syriza ante la Troika. Tras revolucionar el mapa municipal y tomar el poder en las grandes ciudades, y después de sacar cinco millones de votos el 20D, Podemos y sus confluencias viven un periodo convulso: enfrentamientos, filtraciones, dimisiones, ceses... Nadie sabe cómo acabará este enorme lío. Pero la impresión es que Iglesias ha tomado las riendas en Madrid y ha dejado desarmado a su amigo y número dos, Íñigo Errejón, al que conoció en la Facultad de Políticas de Somosaguas (Madrid) cuando él tenía 23 años y Errejón 18, y al que durante la entrevista se referirá, entre bromas y veras, con estas palabras: “Nunca ha dejado de ser el benjamín”.
Iglesias parece transformado, más conservador, mucho más cauto y conciliador. Cuando se le pregunta por el pacto con el PSOE, no pone reparos, líneas rojas, ni exigencias. Oyéndole, se diría que su estrategia pasa hoy por dos opciones que en realidad son solo una: o gobernar con el PSOE casi sin condiciones, o repetición de elecciones sin dejarse culpar del adelanto.
El líder de Podemos (Madrid, 1978) llega puntual a la sede de CTXT para una conversación de una hora con miembros del consejo editorial y la redacción --Miguel Mora, Soledad Gallego-Díaz, Ignacio Sánchez-Cuenca, Mónica Andrade y Willy Veleta-. Va acompañado por un séquito de cuatro jóvenes asistentes que no se despegan del móvil. Tiene ojeras y mala cara: un reciente cólico nefrítico, provocado, explica, por una pequeña piedra en el riñón que todavía no ha expulsado.
Es martes 22 de marzo, y hace solo un rato que se han producido los atentados de Bruselas. A mitad de la hora pactada, Iglesias y los suyos tienen que salir corriendo para acudir al homenaje a las víctimas organizado por el ayuntamiento madrileño. Poco después, completamos la entrevista por el móvil: más de 100 minutos, que publicamos de forma íntegra, dividida en cuatro bloques: Pablo, según Iglesias; La crisis de Podemos; España, pacto o elecciones, y ¿Otra Europa es posible?
BLOQUE 1. PABLO, SEGÚN IGLESIAS.
"Políticamente soy un italiano. Mi cabeza política se hizo en Italia"
¿Querría explicar en cinco o seis frases quién es Pablo Iglesias?
Soy tímido, aunque no lo parezca. Amante de una cierta soledad para leer, para ver películas, para ver series. Al mismo tiempo con una enorme pasión para las cosas. Necesito la pasión para hacer cualquier cosa. Con mucha pasión por aprender, y con mucho que mejorar. Fundamentalmente, un tipo sencillo. Una de las cosas que más me gustan es cuando la gente que acaba de conocerme me dice: ‘Hostia, eres un tipo bastante normal’.
Más normal de lo que parecía en la tele…
Claro, ese contraste sorprende a mucha gente. Una cosa que me han dicho y que me encanta es: ‘Ganas mucho en la distancia corta’.
¿Qué recuerdos tiene de la infancia? ¿Se siente soriano?
Sí, sí. Decía Rilke que la patria de uno es su infancia, y mi patria tiene una localización geográfica muy clara, que es Soria. Yo pasé en Soria desde los 2 años hasta los 13.
¿Eso curte, no?
Sí, claro, se pasa frío. Pero para ser niño Soria es una ciudad maravillosa. Yo iba por ahí con mi bicicleta tranquilamente. Toda la memoria sentimental de mi infancia está asociada a lugares de Soria. Si la patria de uno es la infancia, Soria es mi patria.
Después de Soria vino a Madrid, y estudió de todo… ¿Le enseñaron todo lo fundamental para ser político en la universidad y los másteres, o es un trabajo más duro de lo que pensaba?
Yo creo que es un trabajo como otro cualquiera, que no debería ser una profesión, sino una actividad a la que uno dedica un cierto tiempo. Es una actividad además que tiene que practicar gente con perfiles muy distintos. A mí me encanta estudiar. Las dos cosas que más me han gustado en la vida es recibir clase y dar clase. Supongo que eso me ha hecho aprender cosas que luego me han sido útiles en la política, pero la experiencia práctica no la sustituye nada. En estos dos años he aprendido una barbaridad y sigo aprendiendo mucho.
¿Más que leyendo?
Hace poco volví a releer El Príncipe, que lo había leído antes dos veces por lo menos. Es curiosísimo que al leerlo al mismo tiempo que estás practicando la política, cambia completamente… Recuerdo que tenía los subrayados originales míos, y en los nuevos prestaba atención a otros elementos. Supongo que eso tiene que ver con practicar la política de manera tan intensa y directa...
¿Maquiavelo tenía más razón de la que pensaba?
No es tanto más razón, sino que en realidad lo que está escribiendo Don Nicolás es un manual con un enorme sentido práctico. Maquiavelo no es un erudito metódico. Como diría Gramsci, es un hombre de acción. Está siempre pensando en la acción, y logra aislar la política como disciplina de otro tipo de consideraciones. Es impresionante el enorme sentido común de las reflexiones del libro, incluso cuando es un tipo del siglo XVI que está pensando en las repúblicas y en los Estados italianos, que es lo que tiene a mano, tomando las experiencias de la Roma y la Grecia clásicas... Han pasado muchas cosas en estos 500 años, y aun así tiene reflexiones magníficas.
¿Le da tiempo a leer la prensa cada día? ¿Lee papel o solo Internet?
Leo los dosieres que me prepara el equipo.
¿Los clippings, en papel grapado?
Depende, si lo puedo imprimir lo imprimo y lo grapo. Si no, lo leo en el ordenador, o los días que tengo que salir muy temprano lo leo en el teléfono. En esos dosieres viene un resumen con una sección de artículos de opinión que me prepara el equipo. La verdad es que leo más prensa que nunca, esa selección me hace leer artículos muy valiosos.
¿Le ponen artículos de CTXT?
Sí, de vez en cuando. Algún editorial malvado vuestro he leído, en el que nos dabais caña. Luego están algunos imprescindibles. Uno de los articulistas que nunca falla, lo digo siempre, es Enric Juliana. Para mí, el análisis diario de Juliana es como ir a misa para la gente de comunión diaria.
Albert Camus decía que un país vale lo que vale su prensa. ¿Cómo ve la situación de los medios en España?
Era bastante cruel Albert Camus al decir eso con muchos países. Un político profesional solo puede hablar bien de la prensa. Punto y final.
Pregunta un lector: ¿Cree que su política, de tan buen e infinito trato con los medios, está siendo efectiva?
Es inevitable. Yo creo que la política, entre otras cosas, es una definición de la realidad. Nunca ha estado la política tan mediatizada por los medios como ahora, y mira que llevan décadas con eso. Seguramente los medios son el terreno fundamental de la política, y eso tiene que implicar mucho tiempo y muchas técnicas para que la comunicación funcione. Eso es así desde hace mucho tiempo, pero yo diría que cada vez más.
Y hace falta tragar mucha quina, imagino.
Eso es inevitable. Recuerdo un político conservador, con el que hablaba en el Parlamento Europeo, que me decía: “Mira, esto que hacemos nosotros consiste en levantarse por la mañanas y que te sirvan un plato con un sapito, y a ese sapito le tienes que echar sal, le tienes que echar pimienta… lo que quieras, pero te lo tienes que comer todas las mañanas…”. Y eso es así.
Manolo Monereo ha escrito en Cuarto Poder que hay una cacería organizada por PRISA y los poderes financieros para acabar con Podemos. ¿Cree que es cierto? ¿Se siente acosado?
Monereo es un sabio, es uno de los intelectuales de la izquierda más lúcidos, y con muchísima experiencia. Creo que en los últimos artículos y también en este señala algunas de las claves de lo que está ocurriendo.
Hay un personaje en The Wire que dice “This is the Game!”, y efectivamente este es el juego en el que estamos; y es lógico que a nosotros nos den caña, es parte de las reglas del juego.
Por cierto, usted y Juan Carlos Monedero llevan años ejerciendo de periodistas / analistas y presentadores. ¿Aprendieron de Beppe Grillo? ¿No le parece una forma de intrusismo que un líder político haga periodismo?
En realidad a mí, desde que empezamos a hacer La Tuerka, me entusiasmaba dirigir y presentar una tertulia que siempre ha querido tener un estilo diferente al de las tertulias convencionales o al de otras tertulias, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Creo que tanto La Tuerka como Fort Apache se han ganado un enorme prestigio por eso, hasta el punto de que nos han dado premios en facultades de Periodismo... Eso es un honor y al mismo tiempo un placer; si alguien se ha sentido ofendido por el intrusismo, nosotros lo hacemos desde mucho antes de que existiese Podemos, nos entusiasmaba hacerlo, y nos sigue entusiasmando...
En el artículo que publicó en New Left Review en julio del año pasado hablaba de “el pueblo de la televisión”. ¿Cómo puede un tipo que ha estudiado en Cambridge y Suiza ser tertuliano en Intereconomía?¿Es su personaje político un producto de la TDT y las tertulias?
En realidad en Intereconomía había días en los que no se discutía mal, más o menos te dejaban expresarte. Pero para nosotros era una cuestión fundamental: habíamos llegado a la conclusión de que los medios de comunicación, y en particular los formatos de las tertulias políticas, eran el instrumento fundamental para generar imaginario. Nos habíamos dado cuenta de que el estilo que nosotros manejábamos en la universidad, cuando dábamos charlas o hacíamos seminarios, se alejaba mucho de las técnicas a través de las cuales se informaba o formaba la opinión. Intentamos ser rigurosos y amenos, sabiendo que las técnicas de la comunicación se basan en el mundo audiovisual y que teníamos que intentar manejar esas técnicas, siendo al mismo tiempo rigurosos. Intereconomía, La Sexta Noche y Las Mañanas de Cuatro fueron como un entrenamiento. Recuerdo muchos de esos debates con muchísimo cariño. Y debatiendo en Intereconomía conocí a gente muy valiosa. A Javier Nart, que ahora es eurodiputado de Ciudadanos y es un hombre maravilloso, al que quiero mucho, lo conocí en El Gato al agua; al señor Alejo Vidal-Quadras, con el que me separan muchísimas cosas a nivel ideológico pero que me parece un hombre inteligente, también. Y también allí fue la primera vez que escuché debatir a Francesc Homs, de Democràcia i Llibertat. Allí aprendí muchas cosas...
En aquel artículo, analizaba “la incipiente crisis del régimen postfranquista, enfangado en la corrupción y la recesión económica, y las oportunidades que ello ofrece a una formación política popular que movilice el descontento social de los indignados…”. ¿Cree que han aprovechado esa situación y están haciendo todo lo posible para mitigar ese descontento? ¿No cree que el “régimen” está todavía muy vivo?
Efectivamente, nos enfrentamos a adversarios poderosísimos que están acostumbrados a ganar siempre, incluso cuando parece que no han ganado a veces ganan también, pero el juego es así. De momento, lo que hemos conseguido creo que nadie se lo podía imaginar, creo que las élites nunca vieron un actor con las capacidades que ha demostrado Podemos. Eso no quiere decir que a partir de ahora no vaya a ser difícil, es más, va a ser mucho más difícil, cada vez va a ser más difícil y yo creo que eso se nota. Nosotros fuimos capaces de patear el tablero, de reponernos y salir muy reforzados de ataques muy agresivos. Me acuerdo perfectamente de lo que me preguntaban en las entrevistas en octubre o noviembre, y creo que tuvimos un resultado electoral espectacular. Pero eso no cambia que la situación económica del país es difícil, que el poder de las élites es enorme, que nosotros podemos sufrir el desgaste de nuestras contradicciones y que la política no termina de... Es extremadamente complicado. Bueno, pues tendremos que adaptarnos y seguir combatiendo, haciendo eso que pedía Gramsci: “Necesitamos toda la fuerza, toda la inteligencia y toda la ilusión en un combate que es difícil y donde el adversario siempre es muchísimo más poderoso”.
Eso recuerda un poco al Atleti del Cholo Simeone, una especie de tercera vía insumisa y solidaria contra la bipolaridad... deportiva y política.
Siempre me ha entusiasmado el Cholo Simeone y su Atlético de Madrid por eso. Es un equipo con menos recursos deportivos que los grandes y sin embargo con una enorme pasión y un estilo muy descarado y muy disciplinado al mismo tiempo. Y probablemente por eso el Cholo ha conseguido colocar a su equipo al nivel del Real Madrid o del Barça, y eso a mí me gusta. Me gusta su carácter.
Uno de sus lemas es "No consuman". Hay un video de 2013 en el que usted dice que le indigna que IU aceptara una consejería de Turismo en Andalucía y no exigiera un telediario. Eso son las cuotas de la RAI... Y añadía que en Turismo solo se podía crear empleo…
En aquella época podía decir lo que me diera la gana, no había consecuencias en lo que decía. Ahora tendría que ser mucho más prudente. Pero básicamente la idea que pretendía transmitir es que si haces política y vas a gobernar, quizá tenga sentido, sobre todo si lo vas a hacer desde una posición de debilidad, intentar intervenir en aquellas áreas que son más importantes y donde realmente se pueden lograr cambios en la vida de la gente o en la construcción del relato, que es una cosa fundamental en política. Y eso lo sigo pensando.
¿En un hipotético acuerdo de gobierno con el PSOE, incluirían una reivindicación de ese tipo? ¿Controlar los informativos?
Pero no necesariamente para que estuviéramos nosotros. Nosotros tuvimos un debate sobre si gobernar o no con el Partido Socialista y al final todos tuvimos claro que si gobernamos, gobernamos. Si vamos en serio, vamos en serio. Y eso quiere decir que asumimos todas las contradicciones, todos los problemas, que podremos hacer cosas mal, que nos van a dar duro… Pero que no vamos a hacer esto a medias. Gobernar implica asumir responsabilidades de gobierno y asumirlas en muchos ámbitos, las que puedan ser aparentemente más sencillas y más inocuas pero las más importantes también. Yo creo que eso forma parte del estilo de Podemos desde el principio. No nacimos para ser una fuerza política testimonial o subalterna, sino para intentar ganar. A veces lo conseguiremos, a veces no, haremos cosas bien y cosas mal, pero desde el principio nuestra mentalidad ha sido ganadora. Creo que esa es una de las cosas que explica también la caña que nos dan. Hemos sido y somos muy osados y muy descarados, y es lógico que quien lleva muchos años en esto diga: pero bueno, ¿qué os habéis creído? Seguramente, si no hubiésemos sido así, no estaríamos donde estamos.
Hablemos de Italia, ¿qué aprendió allí?
Estuve primero de Erasmus cuando estudiaba cuarto de Derecho. Ese viaje me cambió la vida, también políticamente. Podría decir que políticamente soy un italiano, en Italia hice mi cabeza para pensar la política. Después he estado muchas más veces para viajes más cortos, y en 2007 estuve seis meses redactando mi tesis doctoral en Florencia… El Erasmus lo hice en Bolonia. Era muy importante políticamente, con una histórica alcaldía del Partido Comunista prácticamente desde después de la Segunda Guerra Mundial… Bologna La Rossa, la capital de la Emilia Romagna… Esos lugares tan importantes para el desarrollo italiano. Allí aprendí muchísimo.
¿Conoció los centros sociales? ¿Leyó a Gramsci y a Agamben, a los que tanto cita?
Cuando llegué era militante de las Juventudes Comunistas, con todas sus cosas bonitas y sus encantos. Era una organización muy clásica, muy dogmática, y además no era muy habitual entre los cuadros de las juventudes tener una formación cultural amplia. Había excepciones, en aquella época conocí a Manolo Monereo, y desde entonces le empecé a admirar muchísimo. Italia era otro planeta. Cuando vi los centros sociales, cuando vi las librerías, cuando me empecé a adentrar en las historias de los movimientos sociales de los años 70… Se abrió otro mundo. Allí conocí a amigos con los que después he coincidido en Podemos: a Gemma Ubasart, que también estaba de Erasmus. Allí empezaron una serie de lecturas, aprendí un idioma que no tiene la misma utilidad que el inglés... Pero para la política saber italiano marca la diferencia. Poder leer Il Manifesto, La Repubblica, tener acceso a unos textos que solo están en italiano… Italia tuvo mucha influencia sobre algunas generaciones de activistas madrileños y de otros lugares, y seguramente tiene mucho que ver con la forma en la que se hizo Podemos.
¿Estaba en Génova cuando sucedió la masacre de la Escuela Díaz?
Estaba en el autobús volviendo a España, era uno de los portavoces del Movimiento de Resistencia Global de Madrid, y como hablaba italiano estuve en la avanzadilla. Fue un movimiento que analicé con muchísimo detalle en mi tesis doctoral. Hice una versión de la tesis, que es ‘Desobedientes’, que cuenta aquello con mucho detalle...
Un inciso. Willy Veleta quiere saber con quién va a ver el nuevo episodio de Juego de Tronos
Es un secreto que me voy a llevar a la tumba.
¿Con el Rey? ¿Con el Rey emérito?
No lo puedo decir. ¿Te imaginas? Los dos en un sofá tapados con una manta...
¿Usted cree que Jon Snow… sí o no? Sin hacer spoiler...
A mí me encantaría que sí. Leí en la prensa que tenía contrato, así que eso me hace soñar con que se salva, pero no tengo ni idea de lo que pasará.
Bloque 2. ¿CRISIS, QUÉ CRISIS?
"Nadie es imprescindible en Podemos, tampoco sobra nadie"
¿Hace cuánto tiempo que conoce a Íñigo Errejón?
Nos conocimos cuando yo empecé a estudiar la segunda carrera, en Políticas. Nos llevamos cinco años. Yo tendría 23 y él 18.
Él era un benjamín entonces.
En realidad nunca ha dejado de serlo...
Un lector pregunta si son conscientes del tirón social que tiene la dupla Pablo Iglesias-Errejón. Y añade: ¿Qué aporta cada uno a Podemos?
En Podemos todos aportamos y Podemos no se explica por una, dos o cuatro personalidades. Eso es importante. Incluso en una fuerza política como la nuestra en la que el liderazgo fue desde el principio un instrumento político imprescindible. Ahora hay una coralidad y una necesidad de recuperar el protagonismo de la gente que yo creo que nos debería hacer pensar que Podemos no es el resultado de una, de dos, de cuatro personalidades y de cómo se relacionan. En este caso Íñigo y yo hemos trabajado juntos muchísimos años y ha habido una compenetración intelectual enorme. Hemos hecho muchas cosas juntos, probablemente no haya nadie con quien yo haya firmado tantos artículos académicos como con Errejón. Aun así Podemos está por encima de mí, por encima de Íñigo y por encima de cualquier otro compañero.
¿Cómo definiría sus visiones políticas respectivas? Se dice que Errejón es más peronista, amante del populismo latinoamericano, y que usted sería más un comunista. ¿Responde a la realidad o es esquemático?
Son etiquetas que facilitan la literatura, la manera en que se puede construir un relato, las explicaciones de las cosas. En realidad la formación intelectual del primer grupo de personas de Podemos tiene que ver con una práctica colectiva en la que nos pudimos especializar en diferentes cosas y en la que hay una serie de elementos comunes que nos definen como grupo. Por una parte, el interés que todos teníamos en los fenómenos latinoamericanos, por otra parte nuestras experiencias militantes en movimientos sociales, colectivos de la izquierda radical, y a partir del 15M, a través de la discusión que introdujimos en La Tuerka, una reflexión muy coral en la que participamos muchos sobre las posibilidades de intervención política en España. Todo eso, marcado por nuestro trabajo. Asesoramos a IU, yo estuve después en Galicia con Alternativa Galega de Esquerda. Todas esas experiencias, unidas al hecho de que yo había conseguido abrirme un hueco en los medios de comunicación, nos permitieron lanzar una apuesta política, que fue Podemos. Las etiquetas que tratan de identificar ideológicamente a todos y situarnos para ver quién está más a la izquierda, quién es más moderado… Se producen porque facilita la lectura, el relato. Pero son demasiado esquemáticas para entender cómo pensamos. Lo mejor para entendernos es leer lo que producimos y lo que escribimos, los diálogos entre nosotros...
¿Cuántas almas hay en Podemos, cuáles son las corrientes? Comunistas, anticapitalistas, populistas, indignados del 15M, asociados a CEPS, cristianos de base…
Hay una multiplicidad de posiciones y de historias personales y de biografías, pero en Podemos, por suerte, de momento, no diría que hay diferentes corrientes o almas sino diferentes maneras de ver las cosas, en las que basculamos muchas veces nosotros mismos. Cualquiera que viera un debate en el Consejo Ciudadano o en la Ejecutiva vería cómo cualquiera de nosotros basculamos, en función de los temas y de la discusión concreta. Aunque es muy atractivo calificar con etiquetas y las categorías permiten hacer mapas que nos dan la impresión de entender mejor las cosas, sería muy difícil definir Podemos como una suma de familias políticas que se identifiquen con esas etiquetas. Creo que los elementos fundamentales de Podemos los compartimos todos y que luego en las cosas que podemos discrepar, no discrepamos como grupos organizados, sino como individuos; y eso es positivo.
¿Qué ha pasado en estas últimas semanas, qué balance hace de lo que ha ocurrido en el partido?
En política a veces hay que hacer cambios, mejoras. Esos cambios a veces son difíciles y tienen consecuencias difíciles o incluso desagradables. Pero son imprescindibles. A mí como secretario general me corresponde tomar una serie de decisiones. A veces son muy agradables, divertidas de tomar, y otras son difíciles y desagradables pero no menos necesarias para que vayamos haciendo las cosas mejor. En el caso de una política tan nueva, en una fuerza política en la que el cariño y el amor entre nosotros ha sido tan determinante, seguramente cualquier cambio, cualquier decisión difícil se acusa más. Pero eso forma parte de lo que somos y a mí me gusta que seamos así. Que a nosotros se nos note la tristeza cuando tomamos una decisión difícil en lugar de una sonrisa mal dada creo que habla bien de nosotros.
¿Diría que ha sido una crisis, una fractura, una implosión, una pre-refundación? ¿O un golpe de mano de la Secretaría General?
Diría que es un cambio que recoge una tendencia que es necesaria. Se lo decía a los secretarios de organización cuando hablaba con ellos, les decía que el modelo organizativo surgido de Vistalegre fue seguramente imprescindible para esa etapa pero que ahora toca abrir una etapa nueva, una etapa en la que necesitamos más protagonismo de los territorios, de los círculos, una etapa distinta a aquella en la que teníamos que construir un partido a toda velocidad y afrontar una serie interminable de procesos electorales que eran difíciles. Ahora ya somos otra cosa, estamos mucho más consolidados y creo que toca recuperar un tono organizativo distinto que apueste de manera inequívoca por el protagonismo de la gente y de los círculos. Por eso creo que si el Consejo Ciudadano tiene a bien respaldar la candidatura de Pablo Echenique para ser secretario de Organización, creo que él va a encarnar de manera perfecta ese cambio de tono.
Empleó un tono muy duro en el comunicado de la destitución de Sergio Pascual, en el que algunos han visto un tufo al viejo PCE. Quizá sus votantes echan de menos un poco de autocrítica. ¿Qué errores cree haber cometido desde el 20D? ¿Es consciente de haber cometido errores?
Seguramente sí. Cualquier error político que cometa la organización yo lo tengo que asumir como propio. La crítica y la autocrítica son fundamentales. Muchas veces nosotros, y yo en particular, no somos capaces de comunicar con eficacia. Eso implica un manejo de los tonos y de los registros con los que, a veces, acertamos, y con los que, otras, no acertamos. Eso está muy bien verlo, y cuando te das cuenta de que lo podíamos haber hecho mejor, pues tratar de mejorarlo.
Para ser concretos ¿está hablando de la cal viva y del beso a Pedro? Me refiero al tono...
No necesariamente... En los debates parlamentarios los tonos son duros. Hay que recordar las cosas que se nos dijeron a nosotros. Pero es verdad que muchas veces los tonos pausados y calmados son más eficaces que los tonos más duros. Eso es una cosa que también se va aprendiendo con el tiempo. No es menos cierto también que nosotros estamos donde estamos precisamente porque a veces supimos mantener un tono duro. Mientras el cinismo campaba a sus anchas en los discursos políticos, nosotros fuimos capaces de hablar políticamente del dolor. De decir que mientras estamos hablando aquí, hay gente que está sufriendo mucho, gente a la que están echando de sus casas y gente que lo está pasando muy mal. Pero la política también es el arte de la modulación, y la clave es saber encontrar en cada momento el tono que funciona mejor.
Ha dicho antes que tenía mucha complicidad con Errejón. En pasado. ¿Teme que acabe yéndose del partido?
No lo creo. Del mismo modo que nadie es imprescindible en Podemos, tampoco sobra nadie en Podemos. Estoy convencido de que todos, en este proceso y en este camino, seguiremos aportando lo mejor de nosotros mismos.
¿Qué errores ha cometido Errejón?
Yo creo que Íñigo lo ha hecho bastante bien. Es una magnífica cabeza, es un magnífico intelectual que además practica la política, es un intelectual útil, con el que ha habido una gran complicidad. Y estoy convencido de que la colaboración intelectual y política con Íñigo y con todos los demás compañeros, con Carolina Bescansa, Rafa Mayoral, Pablo Bustinduy… con todos los compañeros con los que trabajo va a continuar, porque además es un elemento imprescindible dentro de Podemos. La política también tiene fases, tiene épocas, y todos estamos madurando mucho: estas semanas en las que han ocurrido décadas, estos meses en los que ha pasado tanto tiempo en España, nos han hecho madurar. Lo que estamos viviendo son momentos de maduración que pueden tener sus puntos dolorosos pero creo que nos van a sacar mucho más fuertes y mucho más eficaces. Nosotros, al fin y al cabo, hemos tenido que hacer en dos años lo que otros han podido hacer en diez o en quince. Es lógico que eso implique ciertos momentos traumáticos, es normal.
Emmanuel Rodríguez ha escrito en Diagonal que los dimitidos del Consejo Ciudadano y otros errejonistas llevaban meses negociando con el PSOE y C’s una moción de censura contra el PP en la Comunidad de Madrid. ¿Usted lo supo?
Yo hablé con José Manuel López (líder de Podemos en la Asamblea de Madrid), que me transmitió esa posibilidad, y le dije que era, evidentemente, una posibilidad interesante, que era una cuestión enormemente importante que teníamos que debatir con calma, que de alguna manera revelaba una contradicción de Ciudadanos, que ante la posibilidad de un gobierno distinto en la Comunidad de Madrid daba la impresión de que prefiere al Partido Popular. Es una opción que hay que pensar y efectivamente sí me han transmitido que es algo a lo que estaban dando vueltas...
¿Y eso lo hizo un grupo afín a Errejón sin su conocimiento?
En ningún caso. De hecho, en el Parlamento no se funciona por grupos ni por corrientes. En todos los parlamentos se funciona orgánicamente como grupo parlamentario y evidentemente tienes que informar, y las decisiones las toma el Consejo Ciudadano, como no podría ser de otra manera.
Hablemos de las confluencias. Las relaciones con Galicia, Valencia y Catalunya no parecen demasiado fluidas...
Yo creo que en esos tres lugares el resultado electoral de los encuentros, que en cada sitio han tenido matices diferentes, han sido buenos. La unión de Podemos con otros actores políticos, tanto en Cataluña como en la Comunidad Valenciana como en Galicia ha producido resultados electorales espectaculares. En Cataluña, al igual que en Euskadi, donde íbamos solos, hemos sido la primera fuerza política, y en la Comunidad Valenciana y en Galicia, igual que en Madrid, en Canarias, en Navarra y en Baleares, donde íbamos solos, hemos sido segunda fuerza. Creo que las cosas van bastante bien y hay bastante satisfacción por parte de todos los actores respecto a cómo han funcionado esas confluencias, y estoy convencido de que se repetirán. Hay una relación en algunos casos de verdadera amistad, por ejemplo, con Yolanda Díez en Galicia, es amiga mía desde hace muchos años, políticamente nos entendemos muy bien, con Xosé Manuel Beiras me entiendo muy bien, con Mónica Oltra me entiendo de maravilla, así como con los compañeros catalanes... Creo que las cosas han funcionado muy bien.
Gerardo Tecé, desde Sevilla, le pregunta: Cataluña y Andalucía han sido tradicionalmente las grandes bolsas de votos que han llevado al PSOE al Gobierno estatal. Parece claro que son las mismas bolsas de votos que Podemos necesitaría para no ser acompañante, sino cabeza de cartel. En Cataluña las cosas les van bien, pero en Andalucía, que es el lugar donde el paro y la desigualdad pegan más fuerte, un lugar que teóricamente debiera ser terreno sembrado para Podemos, están muy, muy lejos del PSOE. Les doblaron en voto en las generales. ¿A qué se debe?
A la estructura social de España. Aun así, lo que nosotros hicimos en Andalucía es increíble, en las elecciones de marzo tuvimos más del 14% y en las elecciones generales, en torno al 17%, ¡en Andalucía! Es verdad que nuestro voto se ha concentrado, como históricamente el voto del cambio en España, en las grandes ciudades y las periferias, en zonas más industrializadas. Aun así, el resultado en Andalucía, para lo que es la estructura social de este país y de Andalucía, es impresionante. Es un desafío mejorarlos. Teresa Rodríguez tiene muy claros los pasos que tenemos que dar para seguir avanzando en Andalucía y ganar. El análisis de Gerardo es correcto: para el Partido Socialista fueron fundamentales esos dos bastiones simultáneamente, Zapatero no hubiera ganado sin contar los resultados en Cataluña y en Andalucía. En Cataluña parece que ahora la fuerza hegemónica somos nosotros y en Andalucía va a costar un poco más pero creo que estamos trabajando en la buena dirección.
Está usted entrando en la segunda parte de la entrevista a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.
En estos dos últimos bloques, Iglesias analiza de forma exhaustiva la situación política española y, más brevemente, la europea.
Durante la conversación, Iglesias muestra su cara más profesional, suave y constructiva. Vestido con piel de cordero, usa a menudo el latiguillo “yo creo que” para dar una imagen más dialogante y escapar de las reiteradas acusaciones --incluso internas-- de arrogancia. Afirma que la gran coalición sería un suicidio para el PSOE, y anima a los socialistas a volver a su programa electoral y a abandonar el "pacto de derechas" con Ciudadanos para formar un gobierno con Podemos, IU, Compromís y los votos favorables del PNV, incidiendo en que la abstención de los grupos catalanes, que el PSOE se niega en redondo a negociar, no supondría ningún deshonor o trauma.
Iglesias argumenta que, si el PSOE rectifica tres puntos clave de su acuerdo con C’s (reforma laboral, reforma fiscal, salario mínimo), Podemos no pondrá ningún obstáculo a que Pedro Sánchez sea presidente, y devolviéndole la anáfora de la investidura, añade que, si este quiere, puede haber un Gobierno progresista "la semana que viene”.
Al mismo tiempo, el líder del partido morado subraya que la presión que ha sufrido Sánchez por parte de su partido y de los poderes financieros es "asfixiante", y reitera la idea de que esos poderes no dejarán que el PSOE pacte con Podemos. Pero descarta que su partido se plantee abstenerse in extremis para dejar gobernar en minoría al PSOE con C's: "Cuando una fuerza política con 5,3 millones de votos le dice a otra con 5 millones, en una situación en la que podrían gobernar juntos perfectamente, 'no, usted pase a la oposición, que va a influir mucho…'. Pues lo mismo podríamos decir nosotros: pasen ustedes a la oposición e influyan".
Sobre Europa, cuenta que mantienen contactos con diversas fuerzas de izquierda (Bloco de Esquerda, PS belga, disidentes del PS francés, Mélenchon...) para forjar alianzas capaces de modular la política económica de la UE. Su idea es que "hay que construir un nuevo espacio con los sectores de la socialdemocracia que quieren recuperar los estados del bienestar en Europa".
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2015.04.16 14:31 qryq ¿Pero quiénes son Ciudadanos?

<> (Esperanza Aguirre).
<> (Albert Rivera)
Dieron el salto del ámbito de la política catalana, donde ya llevaban algún tiempo, a la política nacional, y en su primera prueba de fuego, las Elecciones Autonómicas Andaluzas, han conseguido nueve escaños en el Parlamento de Andalucía. La formación política liderada por Albert Rivera se ha estrenado muy bien fuera de sus iniciales fronteras, y aparece como un actor importante en la baraja de las nuevas opciones políticas. ¿Pero quiénes son Ciudadanos? Pues básicamente un partido de la nueva derecha, una derecha maquillada, que esconde un ideario, una derecha más light, más civilizada, más moderna, práctica y funcional que la derecha clásica del PP y sus adléteres. Y en efecto, su programa económico, liderado por Luís Garicano, disfruta de las simpatías de los grandes agentes económicos, de las grandes empresas del IBEX-35 y hasta del mismísimo Joan Rosell. El PP ya comienza a tratarlo con respeto, como se comprueba en la declaración de Esperanza Aguirre, destacada en la cita inicial. E incluso en el ámbito europeo, disfrutan de la simpatía de la Alianza de Libertades y Demócratas por Europa.
Tenemos muchas "pistas" para intentar reconocer el auténtico ideario (más bien deberíamos hablar de propuestas, ya que en realidad no están adscritos a ningún ideario concreto) de Ciudadanos, como los frustrados intentos de converger con UPyD, a la cual parece que su electorado y dirigenetes les están pasando factura. En efecto, el partido de Rivera no reconoce ni apuesta por el Federalismo, ni por el derecho a la autodeterminación de los pueblos (obsérvese la encarnizada lucha que tienen en Catalunya con el frente independentista), ni por la implantación de la República, y mucho menos por la instauración de un Proceso Constituyente que permita regenerar todos los aspectos de nuestra limitada democracia, surgida a raíz del régimen político desde la Constitución de 1978. Sin adscripción ideológica formalmente definida, navegaron en un mar de propuestas que ellos tildan como <>, <>, <> o de <>, parcheando por aquí y por allá, a diestro y siniestro, para captar el voto de desencantados a izquierda y derecha del arco político, y sobre todo, del electorado más joven, nicho abundante de su reciente éxito electoral.
La juventud de su líder (de hecho, aparece como el político mejor valorado del conjunto de España según las últimas encuenstas del CIS), y su escape de la órbita de influencia de las clásicas ideologías, han calado entre un sector joven del electorado, que no vota al bipartidismo decadente, representando Ciudadanos una opción centrada y regeneradora para ellos/as. En su web aparecen bajo el eslógan <> Se definen muchas veces como partido "de centro" (algo que no existía desde la UCD postfranquista), y proponen medidas, algunas de ellas bajo un halo de falso progresismo, pero con una peligrosa letra pequeña que siempre hay que interpretar. Porque como decimos, su indefinición y ambigüedad está clara en casi todos los frentes que tocan, por lo que pensamos que, en realidad, las propuestas de Ciudadanos obedece a un moderno conservadurismo disfrazado de progresismo.
Y de este modo, no se definen, por ejmplo, en cuanto a sanidad pública universal (de hecho, el pasado 10 de marzo, Ciudadanos y PP fueron los únicos partidos que no firmaron la Declaración Institucional por la Universalidad del Derecho a la Salud, impulsada por Médicos del Mundo, y abogan por limitar la posesión y/o cobertura de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes), no se definen en cuanto a que si la religión debe estudiarse en la escuela pública o no, o en cuanto a cómo hay que abordar la política de vivienda y el drama de los desahucios. Tampoco lo hacen sobre cuestiones clásicas de reivindicación de la izquierda, como la Memoria Histórica, ya que según declaraciones del propio Rivera, ellos no están por el "revanchismo" ni por seguir alimentando los bandos, y no ven al resto de opciones políticas como adversarios, sino como compatriotas. Pero lógicamente, detrás de todo este lenguaje moderno y conciliador, se esconde la misma ideología que viene sosteniendo el PP durante décadas.
Parece por tanto que no acaban de tener claras algunas custiones, por lo cual se nos ofrecen como una opción oportunista, cambiante en el tiempo, y a la que, de vez en cuando, le sale una muy feroz vena conservadora. Pero veamos con más detalle algunos puntos importantes de su programa económico, muy interesado en líneas generales en medidas para favorecer el apoyo y crecimiento empresarial. Tenemos, por ejemplo, lo que ellos denominan el "Complemento Salarial Anual Garantizado" (mediante el que se gartantiza un complemento económico para todos los trabajadores/as hasta alcanzar un salario digno), una convergencia en los tipos del IVA hacia un tipo único en torno al 16%, que se aplicaría a casi todos los productos y servicios, la eliminación de la actual dispersión contractual, mediante la creación de un "Contrato Único" (de carácter, en principio, indefinido, que aumentaría progresivamente el coste del despido de los trabajadores/ras), o la propuesta de la denominada "Mochila Austríaca", bajo la que se esconde la importación del modelo de dicho país en cuanto a la reserva del 1% del salario bruto, que acumularían los trabajadores/ras con el paso de los años, acumulabales también a su paso por diferentes empresas durante su vida laboral, de cara a la cobertura de posibles indemnizaciones y jubilaciones.
Como puede comprobarse, estamos ante medidas de la corriente del neoliberalismo en su estado más puro, pero remozado bajo una supuesta capa de regeneración democrática, punto este fundamental para ellos, puesto que se muestran intransigentes en lo que a los casos de corrupción se refiere. Pero por supuesto, no apoyan a ninguno de los postulados de una política que pueda colocar por encima los intereses de la inmensa mayoría social, tales como una auditoría de la deuda (bajo llamadas a la "responsabilidad" de tener que pagarla), la nacionalización de las grandes empresas de los sectores productivos básicos, los amplios programas de generación de empleo, la creación de un sistema de banca pública, o la asignación de una renta básica para aliviar la grave crisis humanitaria que padecemos.
El auge ¿controlado? de Podemos, demandaba, sin embargo, un factor que contrarrestara su halo de alternativa sin color definido y de ideología ambigüa. Podemos tiene un caladero de votos muy variopinto: electores de IU, PSOE e incluso del PP, por lo que una hipotética mayoría electoral con sesgo izquierdista preocupaba a las instancias de poder invisible que han alentado por activa y por pasiva su actual fuerza sociopolítica. De ahí, la aparición súbita y artificial de Ciudadanos, un engendro político que puede detener la hemorragia previsible de votos en el PP. Ciudadanos es una solución de emergencia que pretende dos objetivos concretos: recabar votos y voluntades desafectos enojados con el PP de Rajoy para la derecha, y restar adhesiones a Podemos. En el fondo, está aflorando un bipartidismo alternativo al consabido de PP y PSOE. ¿Desempeñarán Podemos y Ciudadanos roles indénticos a PSOE y PP o solo de cobertura excepcional ante una situación crítica del entramado sociopolítico en vigor? Pronto saldremos de dudas de si existe margen para un proyecto histórico diferente al surgido de la transición franquista.
Así que ya sabemos lo que podemos esperar de la formación política de Albert Rivera. Por tanto, el verdadero cambio político que rompa el escenario actual sólo podría venir si Podemos no defrauda en sus expectativas, si consigue seguir ilusionando a una mayoría social de regenerar la vida pública, de acabar con la austeridad, de garantizar los derechos humanos y de acabar con la explotación y con el modelo de crecimiento depredador que nos ha caracterizado en épocas pasadas. Porque tal y como afirmó Pablo Iglesias: <>
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2015.03.31 14:32 David_026 ARTÍCULO INTERESANTE APARECIDO EN REBELIÓN.ORG PARA EL DEBATE EN NUESTRA FORMACIÓN.

La estrategia de Podemos Autor: José López
La estrategia de cualquier organización política debe siempre adaptarse a los resultados prácticos obtenidos. En cualquier guerra la estrategia es uno de los factores claves del éxito o del fracaso. Y la política es sin dudas una guerra, aunque una guerra cuyas armas son las ideas. Para ganar son imprescindibles la crítica y la autocrítica, sin límites.
Las resultados de las recientes elecciones en Andalucía son claros: el bipartidismo está tocado, pero no muerto, ni siquiera herido de muerte, IU se ha hundido, Ciudadanos irrumpe con más fuerza de la esperada, el PP se hunde, pero sigue siendo la segunda opción más votada, el PSOE se mantiene como el partido hegemónico, y Podemos irrumpe con fuerza, pero con menos de la esperada. Los resultados en Andalucía no son totalmente extrapolables al resto de España, pero lo que está claro también es que Andalucía no es ajena a España. Creo que tanto en IU como en Podemos debe plantearse un debate urgente sobre sus respectivas estrategias. Urgente porque dentro de poco tenemos nuevas citas en las urnas. El tiempo juega en contra.
IU debe tener claro de una vez por todas que su estrategia de actuar como un mero apéndice del PSOE la condena a ser una fuerza testimonial, incluso la amenaza con desaparecer de las instituciones. No olvidemos que ya estuvo a punto de hacerlo en el pasado cuando aún no existía un Podemos. No puede ser que al mismo tiempo que se critica al bipartidismo, que se dice que el PP y el PSOE son lo mismo, se gobierne con uno de ellos. La lección de Andalucía es obvia. Y debe aplicarse para el resto de España. Penosa imagen da una organización que en una comunidad autónoma emplea una estrategia y en otra la contraria. Un partido debe tener cierta cohesión, respetando las peculiaridades locales, pero con ciertas líneas rojas que nadie puede traspasar. Una de esas líneas rojas es la estrategia general. No hablemos ya de las divisiones internas, del sectarismo, de las corruptelas, etc., que ha padecido IU desde hace demasiado tiempo. En mi humilde opinión, o IU espabila de una vez por todas o que sus mejores cuadros, que sus militantes más combativos, se integren en otra organización que sirva mejor a los intereses de las clases populares. Y esa organización es, ahora mismo, sin lugar a dudas, Podemos. Un partido político es un instrumento, un medio, y no un fin en sí mismo. Si dicho instrumento ya no vale habrá que proveerse de otro. Hay que ser sobre todo fieles a los principios, a los ciudadanos más necesitados, al proletariado, y no tanto a las organizaciones. No hay que caer en el “fetichismo de las organizaciones”.
Lo verdaderamente importante es proveerse de ese instrumento político (ya sea un partido o una coalición de partidos) que sea capaz de concentrar los votos de las clases populares, de todos aquellos ciudadanos que reclaman verdaderos cambios. Porque como nos demuestra obstinadamente la realidad, la clave está en el voto. Las movilizaciones populares en las calles son imprescindibles, pero insuficientes. De poco sirve que incluso millones de personas se manifiesten en las calles si luego muchos más millones votan a los enemigos del pueblo. No importa el nombre que tenga dicho partido o frente, ni quien lo lidere. Siempre que se tenga la capacidad de arrastrar a las masas. Lo realmente importante es su programa y su metodología. Un programa que pivote alrededor de dos ejes centrales: rescate ciudadano y proceso constituyente, es decir, democracia real, regeneración democrática profunda. Una metodología que sea radicalmente democrática, que dé el protagonismo a la ciudadanía, a las bases, con la máxima transparencia. Para tener credibilidad ante el electorado hay que ser ejemplar, hay que practicar la coherencia. Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que en el momento presente es Podemos quien tiene mayores posibilidades de vertebrar la imprescindible unidad popular. Lo que no veo tan claro es si Podemos solo puede hacerlo.
La única explicación satisfactoria que podemos encontrar al “misterio” de que muchos ciudadanos, de las clases populares, sigan votando a sus verdugos, al PSOE, al PP, o a otros partidos que defienden básicamente lo mismo, ya sean viejos o nuevos (como Ciudadanos, el necesario recambio del sistema para que todo siga esencialmente igual), es la inconciencia o la falsa conciencia. La clave para cambiar el voto masivamente reside en la conciencia. Y para ello es ineludible tener en cuenta los prejuicios que tienen muchos ciudadanos. Prejuicios impregnados en sus mentes durante décadas de monopolio ideológico del sistema establecido, de las élites que controlan los transmisores de ideas en la sociedad, los grandes medios de comunicación, los creadores de opinión disfrazados de medios de información. No se puede combatir esos prejuicios sin tenerlos en cuenta. Uno de los factores del éxito de Podemos comparado con el fracaso de IU es la estrategia frente a esos prejuicios. Para combatirlos hay que prescindir de las banderas ideológicas tradicionales y centrarse en las ideas, prescindir de etiquetas y concentrarse en los contenidos. Por esto, entre otros motivos, Podemos en muy poco tiempo ha logrado mucho más que IU en tantos años. El éxito de Podemos es también consecuencia del fracaso de IU. Podemos ha llegado donde ha llegado por sus propias virtudes, pero también por los errores de la izquierda tradicional.
Ahora bien, los resultados de Podemos en las elecciones andaluzas, por debajo de las expectativas, invitan a la reflexión en el seno de dicha organización. Podemos ha tomado buena nota de muchos de los errores que IU ha cometido durante tantos años, pero no está exento de cometer también errores, nuevos o viejos, incluso de repetir algunos de los errores cometidos por la vieja izquierda. Y uno de esos posibles errores consiste en encerrarse en sí mismo, en no adaptarse rápida y continuamente a una realidad que cambia constantemente. Soy muy consciente de que todo esto que digo es fácil decirlo, es fácil hablar de cosas genéricas, lo complicado es traducirlas a lo concreto, lo difícil es pasar de las generalidades a los detalles. No digamos ya pasar de las palabras a los hechos. La realidad es muy compleja y sólo podemos aspirar a comprenderla en parte. Los datos objetivos pueden interpretarse de muchas maneras. En esa interpretación está la clave para readaptar la estrategia acertadamente o no.
A continuación voy a indicar lo que en mi modesta opinión (la cual, por supuesto, puede estar equivocada) son errores que debería corregir Podemos para que el cambio político sea finalmente posible en nuestro país, no se frustre:
1) Me parece un grave error afirmar tan alegre y contundentemente que el cambio es irreversible, que Podemos va a ganar las elecciones generales. El cambio no será real si no gana con suficiente mayoría un partido (o coalición de partidos) dispuesto a hacerlo. Incluso en el caso de una victoria abrumadora de Podemos éste tendrá muy difícil llevarlo a cabo. Tendrá mil y un obstáculos, a nivel nacional e internacional, necesitará un apoyo popular masivo y sostenido en las calles, requerirá una ciudadanía muy activa. Comprendo que hay que transmitir optimismo, que hay que combatir el derrotismo, pero nunca hay que caer en el triunfalismo o en la arrogancia. Además, ese tipo de afirmaciones incitan sin querer a la apatía. Si el cambio es inevitable para qué movilizarse, para qué votar, para qué esforzarse, puede pensar mucha gente. Creo que los portavoces de Podemos deben ser mucho más prudentes. La historia está llena de ejemplos que muestran claramente que nada es irreversible. Lo ocurrido en Andalucía demuestra sin paliativos que hay que ser más modestos. Lo cual no significa dejar de ser ambiciosos, hay que seguir aspirando a gobernar con una amplia mayoría. Este tropiezo andaluz puede ser una necesaria lección de humildad para Podemos (que estaba sufriendo el síndrome del crecimiento demasiado rápido). Pienso que es suficiente con transmitir la idea de que el cambio es muy posible, que está al alcance de nuestras manos, lo cual dependerá sobre todo de los ciudadanos. 2) Hay que plantearse seriamente la posibilidad de construir alianzas electorales con otras formaciones políticas (no sólo para las elecciones municipales), de abrirse no sólo a ciudadanos que actúen individualmente, sino también a otras organizaciones políticas y sociales. Por supuesto que no se trata de crear una sopa de siglas, de negociaciones entre líderes a espaldas de las bases, pero no puede descartarse que el voto se esté dividiendo entre formaciones cuyos programas son casi idénticos. Dispersión de votos que la ley electoral castiga implacablemente. Este tema hay que pensárselo muy bien pues las alianzas pueden ser un acicate o un obstáculo. Está claro, por un lado, véase lo que le ha ocurrido a IU, que un pacto con el PSOE (incluso mínimo, aunque sólo fuese para permitir su investidura en Andalucía) sería un suicidio político. Por otro lado, no está claro si coaligarse con IU puede ser beneficioso o no. Como ya indiqué en la unidad popular, yo reconozco que tengo muchas dudas, pero también creo que esto debe debatirse mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora, dando también voz a las bases, a los ciudadanos en general. También pienso que no es muy acertado usar “marcas” distintas para las distintas elecciones, considero que dicho instrumento político que canalice la unidad popular debe tener un mismo nombre para todos los ámbitos geográficos. La proliferación de nombres puede despistar a la ciudadanía, no añadamos más confusión a la ya existente. 3) Hay que combatir con contundencia la amenaza que supone Ciudadanos para Podemos o el frente electoral que se constituya. Ese “nuevo” partido puede restarle muchos votos, como tal vez ya lo haya hecho en las elecciones andaluzas. La “operación Ciudadanos” puesta en marcha por el sistema para contrarrestar el “efecto Podemos” empieza a tener éxito. Hay que acorralar a los portavoces de Ciudadanos en público, intentar que se pronuncien sobre los temas en los que sabemos que no suponen una verdadera alternativa al sistema establecido, insistiendo en aquellas cuestiones en las que Podemos sí lo es frente a ellos, hay que desenmascarar ante la ciudadanía a esos falsos profetas. El sistema no lo hará por nosotros. Ciudadanos no va a sufrir el acoso mediático que ha padecido Podemos, todo lo contrario. Podemos debe hacerle ver a la gente el doble rasero empleado por la casta mediática. Expliquemos a la ciudadanía qué ha hecho Ciudadanos en el parlamento catalán, de qué lado ha votado, qué propone, hablemos de sus imputados, de la actitud de esos “periodistas” de la casta frente a ellos,… Nunca hay que perder de vista que mucha gente todavía está muy desinformada, sólo ve la televisión. Hay que combatir la operación Ciudadanos, puesta en marcha con el claro objetivo de que Podemos, por lo menos, deje de crecer. Hay que contraatacar. Nunca hay que subestimar al enemigo. 4) No se debe depender excesivamente de los viejos medios de propaganda , en posesión de nuestros enemigos. Por supuesto, nunca hay que desaprovechar las ocasiones de usarlos para nuestra causa. Grave error es no acudir a la televisión a debatir con nuestros enemigos para acudir a un mitin de unos pocos cientos de personas. Debe hacerse una labor continua de propaganda (pero diferente a la de nuestros enemigos, con propuestas muy concretas) tanto en las televisiones como en los barrios y en los pueblos (y no sólo durante las campañas electorales). Esto implica mucho trabajo. Para lo cual hay que distribuirlo todo lo posible. Hay que movilizar a las bases, éstas no deben limitarse a escuchar, a aplaudir, a vitorear, a dejarse convencer, también deben participar activamente en la concienciación de sus respectivos ámbitos sociales particulares (ver Los límites de Podemos). Los círculos Podemos pueden y deben desempeñar un papel primordial para contrarrestar la desinformación y para hacer llegar a la gente corriente que sólo se “informa” a través de la caja tonta lo que en verdad defendemos, lo que en verdad hacen y defienden nuestros enemigos. Si cada uno de nosotros es capaz de convencer a unos pocos y a su vez éstos siguen la labor de convencer a otros entonces sí será posible dar ese necesario salto para que se produzcan cambios políticos reales en nuestro país. Repito: no podemos permitirnos el lujo de jugar todo a una carta, carta que encima no controlamos, la controlan nuestros enemigos, debemos diversificar todo lo posible las formas de llegar a la gente, con medios tradicionales y nuevos, ajenos y propios. 5) Siempre hay que dar todas las explicaciones posibles y a tiempo. Grave error fue la tardanza de Juan Carlos Monedero para comparecer en rueda de prensa. Si aún no se dispone de los papeles necesarios para corroborar las afirmaciones, como mínimo, habrá que decir, cuantas veces sean precisas, que se va a dar explicaciones en breve, explicar las causas del retraso. Nunca hay que negarse a contestar a ningún periodista, ni siquiera a los más hostiles. La casta no se quedará de brazos cruzados y continuarán los ataques a Podemos a medida que se acerquen las citas electorales. Todo dependerá también de si dicha formación crece o se estanca. Cuanto más crezca más atacada será. Debemos estar preparados y saber cómo defendernos, además de contraatacar. Cualquier error que cometamos, por pequeño que sea, lo pagaremos muy caro, a diferencia de nuestros enemigos. Quien lucha contra el sistema establecido debe saber a qué atenerse. 6) Desconfiemos aún más de las encuestas. No dejemos que nos condicionen demasiado en nuestra ardua labor. Las verdaderas encuestas son las urnas. Las encuestas pueden jugarnos malas pasadas, tanto en un sentido como en otro. Tanto para hacernos creer que no tenemos nada que hacer porque no tenemos opciones como para hacernos creer que no hace falta hacer mucho porque tenemos el éxito garantizado. Trabajemos insistentemente sin depender de ellas, sin nunca perder de vista que el pueblo es voluble, que tan pronto puede apoyarnos como dejar de hacerlo. Y más, si cabe, en los tiempos tan convulsos que estamos viviendo. Quienes controlan los medios de comunicación, quienes controlan los resortes del Estado, saben perfectamente que la opinión pública es muy maleable. 
No tenemos el éxito garantizado, no caigamos en la autocomplacencia, no nos acomodemos. Los tropiezos son una oportunidad para mejorar nuestra lucha, para reaccionar, para ser más eficientes. De nosotros depende. El cambio es posible, pero no irreversible. Pensar que es imparable es el peor error de todos, error que no podemos permitirnos, error que nos puede condenar al fracaso. ¡No nos fallemos! Claro que podemos ganar, pero siempre que no perdamos de vista que también podemos perder. La ilusión puede dar paso a la decepción.
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2015.03.22 19:24 qryq Obama quiere el petróleo de Venezuela

Al final del carnaval, Barak Obama se sacó la careta del Nobel de la Paz, y como presidente de Estados Unidos, dio una orden ejecutiva -sin necesidad de pasar por el Congreso- para declarar como "emergencia nacional" a Venezuela por su <> No creo que ningún estadounidense se halla sentido o se sienta amenazado por Venezuela. Lo que no ha cambiado, son las apetencias de Washington por adueñarse del petróleo venezolano.
La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) rechazó las sanciones -a las que calificó como <>- y solicitó a EEUU derogar el decreto donde se cataloga a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad. Los Cancilleres, reunidos en Quito, también pidieron a EEUU resolver sus diferencias con Venezuela mediante el diálogo, y no con la imposición de sanciones que violan todo el Derecho Internacional.
Si bien no hay duda sobre la agresividad imperialista, sí las hay al respecto a sus capacidades para llevarla a adelante. Su preocupación mayor quizá sea la germinación de las semillas que sembró Hugo Chávez, no sólo en América Latina. La provocación de Obama se trata de una escalada de guerra psicológica y una preparación para un mayor intervencionismo. Los estrategas estadounidenses quieren descarrilar los Gobiernos progresistas en la región. Apoyan e incitan la desestabilización en Argentina y Brasil, preocupados por los abruptos cambios incluso en Europa (Grecia y España, principalmente).
En lugar de una invasión inmediata a Venezuela, seguramente Estados Unidos persistirá con la guerra económica, el terrorismo mediático, el acoso político, la acción militar limitada a partir de comandos paramilitares enviados desde Colombia, y el debilitamiento de la unidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). <>, señaló el presidente Nicolás Maduro.
Pero además, lo que busca EEUU es debilitar los organismos de integración en los que Venezuela tiene mayor influencia, como Alba, Petrocaribe, Mercosur, y de ahí en adelante, Unasur y Celac, y destruir el Banco del Sur. Asimismo, crear tensión a la diplomacia y los medios contra Venezuela, poner a prueba la solidaridad regional, y facilitar acciones violentas, dentro del País, para estimular la desestabilización, el descontento y el caos.
Las intenciones estadounidenses parecen quedar en evidencia cuando el Nuevo Harold de Miami informa que <>, dictamen que podría tener graves repercusiones en las futuras operaciones del principal pilar económico del país suramericano.
Por el estado de emergencia, Obama tiene poderes excepcionales que le permiten, por ejemplo, imponer sanciones o congelar ciertos bienes (¿tendrá en la mira a la petrolera Citgo, de capitales venezolanos?).
Obama no fue nada original: repitió el verso que sus antecesores y él usaron para invadir tantos países, sin siquiera ruborizarse, dijo estar <>, aun cuando su país jamás firmó la Convención Americana sobre Derechos Humanos, e impuso la tortura aberrante en Abu Ghraib y en Guantánamo. Es el mismo país que reconoció que mintió sobre las armas de destrucción masiva en Iraq y es acusado de armar ejércitos fundamentalistas para desestabilizar regiones; es donde rige la impunidad policial para asesinar a jóvenes negros.
La contraofensiva de EEUU y la derecha latinoamericana insisten en desacreditar Gobiernos legítimamente electos para derrocarlos de una u otra forma. Es cierto lo que la nueva terminología de la derecha llama "transición", lo que ha terminado en golpes burdos en Paraguay y Honduras, y en operaciones más sofisticadas, con importante apoyo mediático, que inducen movilizaciones supuestamente no partidistas, como está haciendo ahora en Argentina y Brasil.
En Venezuela aquellas primeras campañas mediáticas de inicios del milenio instigaron movilizaciones "apocalípticas" y culminaron en un cruento golpe de estado. Luego, tras la elección de Nicolás Maduro, reprodujeron el esquema suponiendo que sin Chávez eso podría resultar... pero no lograron derrocar al Gobierno.
Venezuela va a las elecciones legislativas antes de fin de año, con una derecha fragmentada que ahora se envalentona en su obstinación golpista, y que busca un relevo constitucional. Si la oposición ganase, podría convocar a un referéndum para revocar el mandato presidencial. Lo que falta por saber es si el chavismo irá unido.
UN ATAQUE A LA REGIÓN
Con esta medida, Obama se quita la careta y desnuda a su país como potencia intervencionista en vísperas de la Cumbre de las Américas, en abril, en Panamá, donde el proceso de normalización de relaciones con Cuba ofrecía una notable oportunidad de acercamiento con América Latina.
En realidad, las amenazas de Obama no son solo contra Venezuela, sino sobre todo con América Latina. De las acciones de injerencias de todo tipo, pasó ahora a hechos más concretos. El salto cualitativo es evidente: de la repetición de comunicados y declaraciones de funcionarios de primera y segunda línea, se pasa a un decreto firmado por el mismísimo Obama.
El presidente Nicolás Maduro dijo que <> y aseguró que << Obama asumió la desestabilización directamente en sus manos por el fracaso de varios intentos anteriores para terminar con su Gobierno>>, entre los que contabilizó el portazo opositor en la designación de autoridades de poderes públicos, en noviembre del año pasado, hasta el intento golpista con aviones militares que -insistió- pretendía llevarse a cabo la segunda semana de febrero de este año.
<>, señala el escritor y académico panameño Nils Castro. De nada vale la mojigata explicación de que con tal iniciativa cumple un requisito legal norteamericano. <>, añade.
<>, aseveró Roy Chaderton, embajador venezolano en la OEA. El chileno José Miguel Insulza, saliente secretario general de la OEA, afirmó que <>.
El Gobierno cubano se preguntó cómo amenaza Venezuela a EEUU, a miles de kilómetros de distancia, sin armas estratégicas y sin emplear recursos ni funcionarios para conspirar contra el orden constitucional estadounidense. <>, reza el comunicado cubano. Y resalta que <>.
Incluso la opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD) señaló que <>. Mientras, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana pidió "cerrar filas ante la agresión" a Venezuela del Gobierno de EEUU, al que acusó de impulsar <>.
En años recientes, Estados Unidos ha declarado estados de emergencia respecto a países como Ucrania, Sudán del Sur, República Centroafricana, Yemen, Libia o Somalia. La explicación de que se trata de un procedimiento "legal, normal" ya usados con países como Irán, Siria o Birmania, entre otros, lleva a muchos a preguntarse qué paralelos pueden existir entre la situación venezolana y la de Gobiernos que Washington consideró hostiles y hasta peligrosos para la paz mundial.
MILITARES Y FISCAL NO GRATOS
Obama incluyó en el anexo de su decreto de "bloqueo de la propiedad y suspensión de entrada de ciertas personas que contribuyeran a la situación en Venezuela" a seis militares y un fiscal, Hatherine Harrington. La concentración del ataque de Obama contra los militares no es nueva: hace pocas semanas el blanco fue Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, a quien un ex dirigente de la custioda del comandante Chávez acusó en el diario español ABC, de ser un "capo del narcotráfico".
A algunos sorprendió el incremento repentino de la retórica agresiva contra Venezuela, justo después de la visita de los Cancilleres de Unasur a Caracas para promover el acercamiento ente Oposición y Gobierno. Esa presencia regional significó una derrota política importante para la derecha golpista de Venezuela y para el conjunto de la oposición.
El mensaje fue claro, aunque la prensa hegemónica continental prefirió no difundirlo. <>.
El malestar de los dirigentes golpistas de la oposición venezolana pueden explicar que Estados Unidos se halla precipitado en esta falta de respeto a la soberanía venezolana. Parece que les cuesta entender que ya no existe el patio trasero. Se les acaba la paciencia después de esperar casi 16 años que se termine por la buenas (las urnas) o por las malas, este proceso bolivariano. Quizás esté cansado de tanta frustración (y recursos desperdiciados) ante un pueblo que sigue sosteniendo mayoritariamente al Gobierno democrático y popular.
¿UN PROBLEMA DE PACIENCIA?
Lo cierto es que si bien no existen las condiciones objetivas ni subjetivas para una invasión a Venezuela, EEUU está creando las condiciones a la espera de una favorable correlación de fuerzas en América Latina y el Caribe, y de un grado de conflictividad social que pueda crearse en Venezuela, resultado de la intensa campaña internacional de terrorismo mediático y, sobre todo, de que las fuerzas sociales y políticas que apoyan la revolución bolivariana sigan unidas.
La intervención armada en la actualidad puede ser de otro tipo, como un bloqueo naval con barcos estadounidenses y no permitir la salida del petróleo venezolano durante algunos meses, lo que fortalecería el golpe económico que se ha venido intentando y complementada con acciones directas opositoras en lo interno y con paramilitares desde Colombia que podrían provocar una guerra civil. Así, se tendría la excusa para invadir.
El bloqueo a Cuba no se termina y ya se estaría iniciando un nuevo bloqueo a otro país latinoamericano. Por medio de su declaración sobre Venezuela, Obama parece crear condiciones para justificar el uso de fondos públicos estadounidenses para financiar grupos mercenarios-terroristas y sus acciones contra objetivos civiles y militares en Venezuela, justificadas en la responsabilidad de "proteger" a supuestos estudiantes y dirigentes opositores que los medios internacionales dicen "son víctimas de la más cruel dictadura", plan para el cual Washington viene invirtiendo fondos presupuestados en los últimos años, sin lograr éxitos.
Quizá la transición geopolítica hacia un mundo multipolar incomoda excesivamente al Gobierno de EEUU, sobre todo después de la cumbre Celac-China. Washington no encuentra cómo recuperar su hegemonía unipolar, que comenzara a perder cuando Venezuela inició, a principios de este milenio de la mano de Hugo Chávez, el camino de la integración y la unidad latinoamericana-caribeña. Hugo Chávez ganó cuatro veces consecutivas la disputa presdencial, y Nicolás Maduro, una.
En Argentina, Néstor y Cristina Kirchner vencieron también en varias ocasiones sucesivas; en Brasil, Lula da Silva ganó dos veces y Delma Rousseff otras dos; en Bolivia, Evo Morales venció tres meses; en Ecuador, Rafael Correa también logró tres victorias consecutivas; en Uruguay, el Frente Amplio (con Tabaré Vázquez y Pepe Mújica) ganó tres. La oposición en la región solo ha logrado cambiar el signo político mediante golpes antidemocráticos, tanto en Honduras como en Paraguay. Hasta el momento, nunca por la vía electoral.
En Venezuela, ni la muerte de Chávez, ni lo dos años complejos en lo económico, ni la caída de los precios del petróleo, ni los intentos de desestabilización mediante las guarimbas con sus muertes, han permitido cambiar el Gobierno que hasta el momento es apoyado por la mayoría venezolana cada vez que se acude a una cita electoral. Este es un año de elecciones parlamentarias en Venezuela, y el año próximo se podría convocar a un año revocatorio. Estados Unidos parece haber tirado la toalla de la vía electoral como lo hizo en 2002 cuando apoyó el golpe contra Hugo Chávez.
Torpeza absoluta si supieran desde el Norte que cada vez que el enemigo de afuera saca sus garras, adentro, en Venezuela, la mayoría social se vuelve a unir, sin fisuras, priorizando esta unión frente a cualquier debate que pueda surgir en relación a los nuevos desafíos internos. Para desesperación de la Casa Blanca, según últimas encuestas realizadas por firmas como Hinterlaces e ICS, el 92% de los venezolanos están en contra del intervencionismo de Estados Unidos.
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